Seres banales
A las tres de la madrugada de un día cualquiera de este agosto infernal subo por el margen derecho de la calle de esta ciudad interior. Me duelen los pies y llevo el zapato derecho en una mano, sujeto de un cordón. Voy absorto en pensamientos insustanciales. A veces me imagino que soy un perro y levanto la pata al llegar al tronco raído de uno de esos aligustres ennegrecidos de la acera, a veces doy saltitos imitando a las ranas. Tengo que llegar como sea a casa, los autobuses dejaron de circular, y no tengo ni un puto céntimo para un taxi.
Un coche cambia las luces varias veces y al llegar a mi altura frena con violencia. Al unísono se abren las cuatro puertas, cuatro tipos grandes como torres se bajan a la vez. Me preparo para morir, me preparo para que me lleven a cualquier zulo o descampado y se dediquen a torturarme o a patearme. Resisto poco el dolor. Casi prefiero que me maten de un tiro en la cabeza. ¡Bang! Y se acabó.
En otro instante les veo las caras, pelos rapados y barba de cuatro días. Torturadores sin duda. Se despiden con abrazos y manotadas de alegría chusca. Tres de ellos atraviesan la calle para coger el cruce inmediato y el que resta sale disparado y continúa viaje en la misma dirección que traía.
Respiro aliviado. A pesar de que no sé si soy creyente doy gracias a Dios e incluso me habría gustado ser politeísta para dar gracias a todos los dioses. Acto seguido viene la frustración de siempre: ni me han mirado. No soy importante, no soy peligroso. Soy una especie de ser transparente en el que nadie repara, un ente tan banal como un adorno de las tiendas de un euro.
Nadie me recordará con pena. Me asalta de nuevo la tristeza. Y siento pena de mí mismo.




Comentarios sobre Seres banales
No es cierto que en algunos momentos ... sentimos que somos invisibles
Me alegra saber que estás ... que sigues con tus retazos ... tu ironía ... tus reflexiones
Bueno ... me gusta todo de tí ... pequeño gruñón
Besos verdaderos ... y amorosos
Te quiero.
Hombre, María por aquí. Ya te echaba de menos. ¿Cómo te va el verano? Por lo menos no estarás padeciendo las calores continuas de por el sur.
Yo también te quiero.