Permanencia
A veces me vienen a la cabeza imágenes borrosas, aparentemente ociosas y sin sentido. No llegan a constituir ideas coherentes sino sólo encadenamientos más o menos deshilachados.
Dicen que morimos dos veces: la primera cuando acaece nuestra muerte física, la segunda cuando fallece la última persona que nos recordaba. Es curiosa la sensación que se experimenta cuando pasas por una calle a la que se ha puesto el nombre de alguna persona que en su día tuvo alguna resonancia para su comunidad y que, salvo el erudito local o el cronista oficial, prácticamente nadie sabe nada de ella.
Y eso, tratándose de una persona que suscitó en algún momento del pasado que una corporación municipal determinada tuviera la necesidad perentoria de poner su nombre a una calle de un nuevo ensanche.
Cuando la mayoría somos seres anónimos, conocidos por un reducido número de personas, que no tenemos resonancia social y nuestra vida se ha disuelto en un cúmulo de actos anodinos, que nunca tendremos una calle con nuestro nombre, ni siquiera en un lejano polígono industrial, nuestro destino es desaparecer rápidamente. Sobre todo cuando la familia actual, que sería la depositaria de tu memoria, es pálido reflejo de lo fue, desectructurada antes y reagrupada ahora en torno al televisor, a la consola o al frigorífico.
Y no se piense que yo, en mi nadería, tengo voluntad de permanecer. En absoluto. Soy propugnador de la aurea mediocritas, la dorada mediocridad horaciana. En este mundo, en el que no llego ni a mediopensionista, y en el que mi vida es tan apasionante como un sudoku del Viva Jaén, quede para los importantes y para los imponentes la permanencia. Sin apasionamiento, me declaro contrario a la actitud de aquellos que quieren morder más de lo que pueden tragar. Espero no ser nunca de esta gente ni perchero ni sostenedor de abanicos.




Comentarios sobre Permanencia
Mal de muchos... Pero bien es cierto que todos andamos en esa "mediocridad" que no queremos aceptar porque, seguramente, nos consideramos más importantes de lo que somos.
Y, yo me pregunto: ¿Para qué quiero yo que alguien, a mi muerte, me recuerde, si no me voy a enterar????
Como siempre, tus relatos cogen de la mano y muestran la vida como en un paseo.
Ahora sí, un besico.