A toda costa, destrucción
No hace tantos años haber visto el mar era para las clases humildes un raro privilegio, solo al alcance de los que habían hecho la mili en África o en algún lugar de la Península próximo a la costa. Verlo en el cine e imaginarlo en la realidad era evocar un surtidor grandioso de sueños y de de aventuras, cómplice de nobles esfuerzos para ganarse el pan, y más tarde sostén movedizo e inopinado de frágiles naves que huyen de los recodos de la miseria.
Sigue siendo grandioso el mar, aunque también un escenario donde un montón de majaderos impresentables se ha dedicado sistemáticamente durante años a destruirlo y esquilmarlo echando mano de su codicia y de sus ostentaciones.
“Destrucción a toda costa” es el título del informe presentado por Greenpeace. La novena edición de todo un “clásico” del ecologismo se ha centrado en la situación de los llamados espacios de costa protegidos y el diagnóstico no puede ser más alarmante: 120 de los 233 sitios naturales protegidos en todos los litorales españoles están en serio peligro. Lo más sorprendente, sin embargo, es el aviso de los propios autores: no es el ladrillo el que amenaza dichos espacios naturales, sino el “hormigón tonto” y el vertido de residuos industriales. Greenpeace cree que la construcción de grandes infraestructuras por parte del gobierno para compensar la caída de la actividad inmobiliaria es más dañina para el medio ambiente que la urbanización indiscriminada. Como ejemplo de este tipo de depredación citan lo que está ocurriendo en la costa del Maresme y el Delta del Llobregat, con las ampliaciones del aeropuerto y del puerto de Barcelona.De hecho, los ecologistas en el informe de este año van a la raíz del problema que afecta a las costas españolas: ya no hay nada o casi nada que edificar. La urbanización indiscriminada de los litorales arroja unos números espectaculares. De los 8000 km de playa con los que cuenta nuestro país, casi la mitad está urbanizada. La palma se la lleva Cataluña, según explica la delegada de Greenpeace en aquella comunidad. De los 547 km de litoral catalán, el 47% está urbanizado. 260 km en línea recta. El hecho, según Ana Rosa Martínez, que “32 de los 75 municipios costeros catalanes tengan la mayoría de sus viviendas destinadas a segunda residencia” favorece la recalificación de terrenos con el fin de obtener ingresos por encima de cualquier otra consideración.
La organización ecologista afirma haber detectado 478 casos de corrupción urbanística en 2009 con 625 imputados. Más de la mitad son cargos públicos. Según Pilar Marcos, responsable en Greenpeace de la campaña para preservar las costas españolas, las comunidades más amenazadas en la actualidad son las de Valencia y Andalucía. Les siguen Murcia y Galicia. “La declaración de un espacio protegido les sirva a los políticos para colgarse medallas”, pero cuando descubren que esa protección es incompatible con sus “planes” urbanísticos, son los primeros en intentar “saltarse las normas que ellos mismo elaboraron”.
Tras esta introducción surgen las consiguientes preguntas: ¿La voracidad de la administración de los municipios por obtener ingresos hace que sea papel mojado cualquier intento por preservar el medio ambiente? ¿Se ha convertido todo el litoral mediterráneo, desde Cadaqués hasta Ayamonte, en una hilera de viviendas adosadas? Según los responsables de Greenpeace, en los litorales españoles están sin ocupar el 70% de los pisos construidos: ¿Se está empezando a hacer un diagnóstico correcto de los problemas estructurales en España? ¿Tiene solución la depredación de las costas españolas, o es demasiado tarde para remediarlo?







