Generación Z
La revista TIME habla de la decepción que sufre la generación más mimada de la Historia de España. Aspiraba a vivir de sus padres hasta que pudiera vivir de sus propios hijos, pero la crisis financiera ha trastocado todos sus planes. La realidad económica española vuelve a escenificar, como al final de los años 80, una cruel paradoja: 30% de paro entre los más jóvenes y formados, al tiempo que cada vez falta más personal cualificado para cubrir las necesidades de la sociedad. Las lecciones de sus progenitores ya no sirven: deben volver a partir de cero. ¿Lo asumirá una generación educada en la falsa creencia de que podía consolidar un cierto status laboral desde el inicio?
Lo que caracteriza y distingue la Generación Zeta es un rasgo bastante común, y no es precisamente el bajo salario: ha tardado más que ninguna otra en emanciparse y buscarse la vida. Acostumbrados a vivir muy bien bajo el paraguas protector de sus progenitores, han ido retrasando el momento de volar con sus propias alas. Los jóvenes occidentales se independizan con 18 años, aprovechando su paso por la Universidad; los españoles a los 36 años, cuando se quedan embarazados. El mundo ha dado un violento giro y ahora les toca vivir un momento laboral difícil. Superada la natural pataleta, les espera una dura competición con los países emergentes.
TIME, en su descripción de la evolución de la Generación Mileurista, explica que los jóvenes españoles han pasado de soñar con vivir mucho mejor que sus padres, a renunciar a la independencia y regresar al hogar, forzados por las circunstancias que impone la crisis económica. Sólo en el último año, la tasa de paro entre los menores de 25 años se ha disparado un 50%. De la Champion League a la Penuria League.
¿Hemos mimado demasiado a nuestros hijos? Da la sensación que la constancia y el sufrimiento no están hechos para sus cuerpos acomodados, y lo peor es que no se sienten concernidos cuando la generación de los mayores hablan de sus duras experiencias personales de la posguerra, en que faltaba lo más elemental. Batallitas de viejos.
A lo mejor habría que plantearse recuperar la figura del aprendiz y desmitificar a la institución universitaria como la panacea para conseguir prestigio ante la sociedad. Lo que parece claro es que la generación de adolescentes actual, a pesar de sus títulos académicos, será la primera en siglos que vivirá peor que ha vivido la de sus padres.

Después de probar que la




