Viejos
Recuerdo una frase pronunciada hace algunos años por un político ya en retirada: "Cuando un viejo se muere se quema una biblioteca". Me he limitado a parafrasear, puesto que temo no poder reproducir sus palabras exactas.
Muchas gentes que alguna vez poblaron mi vida no son ya más que semblanzas, entes que se han ido diluyendo en el tiempo y que ahora afloran en los sueños, con pujanza. Es absurdo anclarse a una época y a unas personas, pero cuando desaparece alguien de una generación anterior a la mía no puedo evitar un sentimiento cada vez mayor de soledad y tomo por instantes conciencia de algo consabido y obvio, pero que normalmente fingimos ignorar: la unicidad de cada persona.
Ya no podremos dirigirnos a esas personas para que nos cuenten sus vivencias, o para requerir su opinión o consejo. Todo lo que sabían desaparecerá sin remisión en un instante, sin que ninguna enciclopedia o diccionario pueda recopilarlo. No tanto sus conocimientos, que también, sino ese cúmulo de sensaciones, recuerdos, sabores y olores, agravios y penas, ecos, situaciones y todo lo demás que a lo largo de los años forjaron su identidad única e irrepetible, todo lo que hace que podamos ser "yo", desde que adquirimos el primer hálito de consciencia hasta que toda consciencia se extingue.
Hay quienes se atreven a llevar adelante la puesta por escrito de sus memorias. Algunos son escritores de oficio y son capaces de describir con cierta justeza sus historias y sensaciones. Pero por muy bien que lleguen a poder hacerlo, sus memorias no serán más que un desvaído reflejo, una descripción parcial y tremendamente incompleta. Sin contar con que la mayoría carece de tiempo, o de ganas, o de facultades para acometer tal empeño. Y por si fuera poco, reina siempre la pregunta de si sus memorias interesarán a alguien aparte de a su autor.
He conocido gentes que padecieron guerra, analfabetismo, enfermedad, privaciones de toda índole, que conocieron a otras personas, cuyos nombres colonizan hoy libros de Historia. Cada una, individualmente, podría protagonizar una novela. Y he reflexionado sobre esas personas que esta sociedad presuntuosa y ombliguista tiene desaprovechados, sin pedirles parecer, huyendo de ellas cuando se atreven a contar algo, ninguneando su opinión y arriconándolas para que se pudran en el sentido coloquial y aún literal de la frase.
No quiero terminar con ninguna moraleja. A lo mejor son reflexiones vacuas. O corporativistas, ahora que empiezo a estar en la juventud de la vejez, y, por ende, a adquirir una buena edad de esquela.

¿Minutos de 61 segundos? ¡qué tontería! Todo el mundo sabe que un minuto tiene 60 segundos.
San Nicolás, nacido en Licia (Asia Menor) a finales del siglo III, Obispo de Myra y patrono de Rusia y Grecia, fue una de las figuras más veneradas durante toda la Edad Media tanto en Oriente como en Occidente, y muy especialmente en Bari (Italia) donde se conservan sus reliquias, recuperadas de los musulmanes en 1087 por marinos italianos.


