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Permanencia

por Josillou
sábado, 10 de enero del 2009 a las 02:01
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The boss

A veces me vienen a la cabeza imágenes borrosas, aparentemente ociosas y sin sentido. No llegan a constituir ideas coherentes sino sólo encadenamientos más o menos deshilachados. 

Dicen que morimos dos veces: la primera cuando acaece nuestra muerte física, la segunda cuando fallece la última persona que nos recordaba. Es curiosa la sensación que se experimenta cuando pasas por una calle a la que se ha puesto el nombre de alguna persona que en su día tuvo alguna resonancia para su  comunidad y que, salvo el erudito local o el cronista oficial, prácticamente nadie sabe nada de ella.

Y eso, tratándose de una persona que suscitó en algún momento del pasado que una corporación municipal determinada tuviera la necesidad perentoria de poner su nombre a una calle de un nuevo ensanche.

Cuando la mayoría somos seres anónimos, conocidos por un reducido número de personas, que no tenemos resonancia social y nuestra vida se ha disuelto en un cúmulo de actos anodinos, que nunca tendremos una calle con nuestro nombre, ni siquiera en un lejano polígono industrial, nuestro destino es desaparecer rápidamente. Sobre todo cuando la familia actual, que sería la depositaria de tu memoria, es pálido reflejo de lo fue, desectructurada antes y reagrupada ahora en torno al televisor, a la consola o al frigorífico. 

Y no se piense que yo, en mi nadería, tengo voluntad de permanecer. En absoluto. Soy propugnador de la aurea mediocritas, la dorada mediocridad horaciana. En este mundo, en el que no llego ni a mediopensionista, y en el que mi vida es tan apasionante como un sudoku del Viva Jaén, quede para los importantes y para los imponentes la permanencia. Sin apasionamiento, me declaro contrario a la actitud de aquellos que quieren morder más de lo que pueden tragar. Espero no ser nunca de esta gente ni perchero ni sostenedor de abanicos.

Tulipmanía

por Josillou
viernes, 09 de enero del 2009 a las 01:01
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La burbuja inmobiliaria que ha traído la crisis económica y recesión actuales no ha sido la primera ni será la última, y se ha producido cuando todavía resonaban los ecos del desplome tecnológico del 2000. Si echamos nuestra vista aún más atrás en el tiempo nos encontramos con la burbuja de los tulipanes en la Holanda del siglo XVII. El tulipán, una flor ornamental y delicada, había sido importada en el siglo anterior desde Turquía. 

El comercio frenético de los bulbos de tulipán fue impulsado por la apertura de un mercado donde se especulaba con los bulbos que todavía no se habían desarrollado. Las negociaciones se producían en las tabernas, incluso se creó en Amsterdam el primer mercado de futuros de bulbos de tulipanes.

Todo el mundo quería tomar parte en un negocio que contenía emoción a raudales y, finalmente, la Tulipmanía trastocó toda la economía de una nación rica y próspera.

Por un bulbo de tulipán llegaron a pagarse fortunas que equivalían al sueldo de 15 años de un artesano bien pagado y durante 6 años la burbuja especulativa con los tulipanes creció y creció hasta que, naturalmente, explotó, como sucede con todas las burbujas.

Un día del año 1637 se alcanza el máximo histórico en el precio del bulbo de tulipán. Al día siguiente comenzaría la debacle y en 6 días el colapso total ya se había producido: los bulbos pasaron de valer grandes fortunas a no valer nada.

Viejas novias

por Josillou
miércoles, 07 de enero del 2009 a las 23:52
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Praga calle Wenceslas 89

En una población suficientemente grande no existe el ciento por ciento. Es una entelequia o un utilitarismo matemático del que nos valemos para explicar teorías y comportamientos y quedarnos tan anchos. Entre dos números cualesquiera existen otros infinitos números; entre el 3 y el 4, por ejemplo, se encuentra el número Pi que es el número irracional más famoso, y del que las modernas computadoras "sólo" han podido desentrañar algunos millones de sus primeras cifras decimales, infinitas por otra parte.

Por eso es tan peligroso clasificar a todos los componentes individuales de un determinado colectivo en compartimentos estancos y pontificar sobre sus características inherentes. Cuando se dice que la juventud es irrespetuosa, holgazana o huera de compromiso, de una manera o de otra estamos socializando de forma artificial unas características negativas preconcebidas.

Las continuas manifestaciones llevadas a cabo el pasado mes de diciembre en Atenas por una gran cantidad de jóvenes estudiantes han descolocado a los mentores de la opinión pública. No han sabido explicar convincentemente los motivos por los que podrían empezar a producirse una serie de movimientos revolucionarios de intensidad similar a los del parisino mayo del 68. Sólo que ahora no se adivina la base ideológica sustentadora ni se vislumbran los sucesores de aquellos intelectuales de barbas y trencas. Se habla de jóvenes  antisistema en una especie de renacimiento del marxismo, una vez detectados los fallos en el capitalismo rampante y de un liberalismo agusanado, que han sido comunes denominadores de la vida pública desde la caída del muro de Berlín.

¿Estamos ante algo más serio o, una vez más, se trata de un conato de rebelión que se agostará después de una absurda apoteosis, o de una descomunal charada?, que decía Ionesco. ¿Participará un porcentaje importante, o será sólo un conato de toma de conciencia por parte de unos cuantos iluminados?  De todas formas lo que parece claro es que no estamos ante el fin de la historia que augurara Fukuyama. Cuarenta años desde París '68, veinte desde Berlín '89. Cumpleaños y cumplelustros, como si se tratara de novias viejas. 

Baltasar de Alcázar (1530-1606). Cena jocosa

por Josillou
martes, 06 de enero del 2009 a las 12:38
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Siempre me gustaron por su sonoridad las cuartetas de este poema de Baltasar del Alcázar. El personaje Don Lope de Sosa dio nombre a una revista de capital importancia sobre tema giennense que se publicó entre enero de 1913 y diciembre de 1930 y que fue dirigida por Alfredo Cazabán Laguna.

Antoniolopez.jpgUNA CENA

En Jaén, donde resido,
vive don Lope de Sosa
y diréte, Inés, la cosa
más brava de él que has oído.

Tenía este caballero
un criado portugués...
Pero cenemos, Inés
si te parece primero.

La mesa tenemos puesta,
lo que se ha de cenar junto,
las tazas del vino a punto:
falta comenzar la fiesta.

Comience el vinillo nuevo
y échole la bendición;
yo tengo por devoción
de santiguar lo que bebo.

Franco, fue, Inés, este toque,
pero arrójame la bota;
vale un florín cada gota
de aqueste vinillo aloque.

¿De qué taberna se traxo?
Mas ya..., de la del Castillo
diez y seis vale el cuartillo,
no tiene vino más baxo.

Por nuestro Señor, que es mina
la taberna de Alcocer;
grande consuelo es tener
la taberna por vecina.

Si es o no invención moderna,
vive Dios que no lo sé,
pero delicada fue
la invención de la taberna.

Porque allí llego sediento,
pido vino de lo nuevo,
mídenlo, dánmelo, bebo,
págolo y voyme contento.

Esto, Inés, ello se alaba,
no es menester alaballo;
sólo una falta le hallo
que con la priesa se acaba.

La ensalada y salpicón
hizo fin: ¿qué viene ahora?
La morcilla, ¡oh gran señora,
digna de veneración!

¡Qué oronda viene y qué bella!
¡Qué través y enjundia tiene!
Paréceme, Inés, que viene
para que demos en ella.

Pues, sus, encójase y entre
que es algo estrecho el camino.
No eches agua, Inés, al vino,
no se escandalice el vientre.

Echa de lo tras añejo,
porque con más gusto comas,
Dios te guarde, que así tomas,
como sabia mi consejo.

Mas di, ¿no adoras y aprecias
la morcilla ilustre y rica?
¡Cómo la traidora pica;
tal debe tener de especias!

¡Qué llena está de piñones!
Morcilla de cortesanos,
y asada por esas manos
hechas a cebar lechones.

El corazón me revienta
de placer; no sé de ti.
¿Cómo te va? Yo, por mí,
sospecho que estás contenta.

Alegre estoy, vive Dios:
mas oye un punto sutil:
¿no pusiste allí un candil?
¿Cómo me parecen dos?

Pero son preguntas viles;
ya sé lo que puede ser:
con este negro beber
se acrecientan los candiles.

Probemos lo del pichel,
alto licor celestial;
no es el aloquillo tal,
no tiene que ver con el.

¡Qué suavidad! ¡Qué clareza!
¡Qué rancio gusto y olor!
¡Qué paladar! ¡Qué color!
¡Todo con tanta fineza!

Mas el queso sale a plaza
la moradilla va entrando,
y ambos vienen preguntando
por el pichel y la taza.

Prueba el queso, que es extremo,
el de Pinto no le iguala;
pues la aceituna no es mala
bien puedes bogar su remo.

Haz, pues, Inés, lo que sueles,
daca de la bota llena
seis tragos; hecha es la cena,
levántese los manteles.

Ya que, Inés, hemos cenado
tan bien y con tanto gusto,
parece que será justo
volver al cuento pasado.

Pues sabrás, Inés hermana,
que el portugués cayó enfermo...
Las once dan, yo me duermo;
quédese para mañana.


Pequeñas curiosidades

por Josillou
martes, 06 de enero del 2009 a las 01:32
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Cilindro de Ciro II de Persia

En un día el corazón del ser humano transporta unas 1000 veces toda la sangre existente en el cuerpo.

Si tiene agua cerca, el mapache lava sus alimentos antes de comerlos.

El Monte Olimpos, que se encuentra en Marte, tiene 26 kilómetros de alto.

El cerebro del Homo habilis, que vivió en África hace dos millones de años, tenia el 47 por ciento del tamaño de uno moderno.

El Laboratorio de Erosión Eolica de la Universidad de Kansas fue arrasado por un tornado.

El atún de aleta azul es el pez más caro del mundo; un ejemplar de300 kilos supera los 100.000 dólares.

Las urracas, al igual que los elefantes, los chimpancés y los delfines se reconocen en el espejo.

Los sobrevivientes de la pandemia de influenza de 1918 tienen anticuerpos contra la gripe aviar.

Existen 63 grupos étnicos que son reconocidos por la Republica Popular China.

Las abejas baten sus alas 240 veces por segundo, más que otros insectos porque son más pesadas.

El cilindro de Ciro el grande, rey de Persia en 539 aC, se considera la primera carta sobre derechos humanos.

La Republica de Maldivas es el país más llano, su punto más alto está a 24 metros sobre el nivel del mar.

Desde que se comenzó a escalar el Everest en 1920, murieron 203 personas en el intento.

Thomas A. Edison electrocutó un elefante en un experimento.

Durante el Imperio Romano, los mondadientes eran objetos de lujo entre las damas de la aristocracia.

Brindis 2009

por Josillou
sábado, 03 de enero del 2009 a las 01:21
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Brindis 2009

Dijo un sabio en cierta ocasión que si realmente nos hubiera creado un Dios bondadoso habría planeado nuestra vida totalmente del revés. Habríamos nacido muy viejos y deteriorados. Poco a poco, año tras año iríamos rejuveneciendo hasta llegar a la infancia. Y nuestra muerte no sería sino un plácido regreso al mar eterno de las grandes madres donde dormiríamos mecidos en un líquido amniótico durante toda la eternidad. De haber sido así, en lugar de hacerlo en hospitales y manicomios, nos despediríamos de este mundo tumbados en una cuna con sonajeros de colores y mostrando esa sonrisa que muestran las criaturas, tan turbadora, tan imprevisible.

Como nuestro devenir no es el que imaginaba aquel sabio sino todo lo contrario, y nuestro destino es ir apurando la salud y la juventud a grandes sorbos, me contento en cabalgar en la dirección que me marca el tiempo, en no perder de vista el paisaje en que en algún momento fui feliz y en que los amigos que lo fueron un día o lo son en el momento actual no se disloquen hasta hacerse irreconocibles. Ojalá. Mientras tanto, en este nuevo año 2009 levanto mi copa por todos los presentes, para que presentes continúen por mucho tiempo. Y lanzo mi brindis al modo de Juan del Encina, que resume la filosofía de vida de goliardos y sopistas: "Hoy comamos y bebamos y cantemos y folguemos, que mañana moriremos." ¡Salud!

Mitos y tradiciones en el solsticio de invierno

por Josillou
martes, 30 de diciembre del 2008 a las 22:49
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solsticio.jpg

Durante el solsticio de invierno (22 de diciembre) el Sol alcanza su cénit en el punto más bajo y desde ese momento el día comienza a alargarse, progresivamente, en detrimento de sus noches, hasta llegar al solsticio de verano, en que invierte su curso. El término solsticio significa ’sol inmóvil’, ya que en esos momentos el Sol cambia muy poco su declinación de un día a otro y parece permanecer en un lugar fijo del ecuador celeste.

El solsticio hiemal es el acontecimiento que vivifica la Naturaleza con su luz y su calor, razón por la cual, para todas las culturas antiguas, representaba el auténtico nacimiento del Sol y, con él, toda la Naturaleza comenzaba a despertar lentamente de su letargo invernal y los humanos veían renovadas sus esperanzas de supervivencia, gracias a la fertilidad de la tierra. En el solsticio de invierno, todos los pueblos antiguos celebraban el nacimiento del astro rey mediante grandes festejos, caracterizados por la alegría general y acompañados de ceremonias colectivas, centradas en cantos y danzas rituales y en la recogida de ciertas plantas mágicas, como el muérdago. Las grandes hogueras tenían la función de provocar el calor y la fuerza de los rayos de un sol recién nacido, que encaraba su curso hacia la primavera, inundando la tierra con su poder regenerador. Otro tanto sucedía durante el solsticio de verano, época adecuada para mostrarle, al divino sol, el agradecimiento de quienes habían sobrevivido un año más, gracias a su generosa intervención en el ciclo agrícola y ganadero. Con el desarrollo de las culturas urbanas, los rituales solsticiales agrarios no desaparecieron, sino que se adaptaron a las nuevas circunstancias y necesidades. Por eso, las fiestas paganas más importantes rebasaron el ámbito campesino y se convirtieron en ciudadanas, de forma que la fecundidad que en origen solicitaban para el campo y el ganado, pasó a comprenderse como prosperidad y riqueza para la ciudad.

Desde hace miles de años y para las culturas y sociedad más diversas, el solsticio de invierno ha representado el advenimiento del acontecimiento cósmico por excelencia. No es ninguna casualidad, por tanto, que el natalicio de los principales dioses, relacionados con el Sol (como Osiris, Horus, Apolo, Mitra, Dioniso/Baco, etc.) fuese situado durante este período temporal.

En la antigua Grecia, el culto popular de Dioniso estaba repartido en cuatro grandes festividades: las dos primeras (las Dionisíacas de los campos y las Leneas) se celebraban alrededor del solsticio invernal, con carácter propiciatorio de la fertilidad/prosperidad y en medio de festejos, caracterizados por la gran alegría general. Las dos últimas tenían lugar en la primavera y festejaban la resurrección de la Naturaleza.

En Roma, la celebración de las Saturnalias (fiestas dedicadas a Saturno, padre de los dioses olímpicos y dios protector de la Naturaleza) duraba una semana. Después de la ceremonia religiosa, había grandes festejos y banquetes, se abolían temporalmente las clases sociales y, en los ágapes, los señores servían a sus esclavos; cesaba toda actividad pública (en tribunales, escuelas, comercios, operaciones militares, etc.) y no se permitía ejercer ningún arte ni oficio, salvo el de la cocina; se imponía el hacerse regalos unos a otros, los ricos convidaban a sus mesas, bien surtidas, a los pobres que llamaban a sus puertas, se practicaban juegos de azar, etc.

En los mitos solares de todas las culturas antiguas, ocupa un lugar central la presencia de un dios joven (Jesucristo en la religión cristiana), que cada año muere y resucita, encarnando en sí los ciclos de la vida de la Naturaleza.

Durante el solsticio de invierno, la imagen del dios egipcio Horus era sacada del santuario para ser expuesta a la adoración pública de las masas. Se le representaba como un niño recién nacido, recostado en un pesebre, con cabello dorado, con un dedo en la boca y el disco solar sobre su cabeza.

Mitra, uno de los principales dioses de la religión hindú, objeto de un culto aparecido unos mil años antes de Cristo, cargaba con los pecados y expiaba las iniquidades de la humanidad, era el principio mediador colocado entre el bien (el dios Ormuzd) y el mal (el dios Ahrimán), el dispensador de luz y bienes, mantenedor de la armonía en el mundo y guardián y protector de todas las criaturas, y era una especie de mesías que, según sus seguidores, debía volver al mundo como juez de los hombres. Era un dios que había nacido de madre virgen, en el solsticio de invierno, en una gruta o cueva, fue adorado por pastores y magos, obró milagros, fue perseguido, acabó siendo muerto y resucitó al tercer día.

Baco, otro dios solar romano, también estuvo destinado a cargar con las culpas de la humanidad, también fue asesinado y despedazado (como Osiris) y su madre también lo buscó (como Isis) y recogió todos sus pedazos y lo resucitó. Según la tradición, Baco moría despedazado en el equinoccio de primavera y resucitaba a los tres días.

En el siglo II de nuestra era, los cristianos sólo conmemoraban la Pascua de Resurrección, ya que consideraban irrelevante el momento del nacimiento de Jesús y, además, desconocían absolutamente cuando pudo haber acontecido. Durante el siglo anterior, al comenzar a aflorar el deseo de celebrar el natalicio de Jesús de una forma clara y diferenciada, algunos teólogos, basándose en los textos de los Evangelios, propusieron datarlo en fechas tan distintas como el 6 y el 10 de enero, el 25 de marzo, el 15 y 20 de abril, etc. Pero el papa Fabián (236-250) decidió cortar por lo sano tanta especulación y calificó de sacrílegos a quienes intentaron determinar la fecha del nacimiento del nazareno. A pesar de la disparidad de fechas apuntadas, todos coincidieron en pensar que el solsticio de invierno era la fecha menos probable, si se atendía a lo dicho por Lucas en su Evangelio: “Había en la región unos pastores que pernoctaban al raso y, de noche, se turnaban velando sobre el rebaño. Se les presentó un ángel del Señor y la gloria del Señor los envolvía con su luz…” (Lucas, 2, 8-14). Si los pastores dormían al raso, cuidando de sus rebaños, para que el relato de Lucas fuese cierto y/o coherente, debía de referirse a una noche de primavera, ya que a finales de diciembre, en la zona de Belén, el excesivo frío y las lluvias invernales impiden cualquier posibilidad de pernoctar al raso con el ganado. Forzando la escena relatada por Lucas hasta el límite, otras Iglesias cristianas -ajenas a la católica como la armenia- fijaron la conmemoración de la Natividad en el día 6 de Enero, ya que, según su deducción, el relato de Lucas sí puede ser creíble, si se sitúa el nacimiento de Jesús un poco más tarde, en enero y en el Oriente Medio. Un tiempo y un lugar donde es muy probable la existencia de cielos nocturnos claros y sin borrascas, aunque todavía con mucho frío. Con el mismo argumento, otras Iglesias orientales, como la egipcia, griega y etíope, propusieron fijar el Natalicio el día 8 de Enero.

Entrado ya el siglo VI, cuando ya se había concluido el proceso de trasvase de mitos desde los dioses solares jóvenes precristianos hacia la figura de Jesucristo, se decidió fijar una fecha concreta. Dado que a Jesús se le había adjudicado toda la carga legendaria que caracterizaba a su máximo competidor de esos días, el dios Mitra, lo lógico fue hacerle nacer el mismo día en el que se celebraba el advenimiento de ese joven dios. De esta forma, entre los años 354 y 360, durante el pontificado de Liberio (352-366), se tomó por fecha inmutable la de la noche del 24 al 25 de Diciembre, fecha en la que los romanos celebraban el Natalus Solis Invicti, el ‘nacimiento del Sol Invencible‘, un culto muy popular y extendido al que los cristianos no habían podido vencer y, claro está, la misma fecha en la que todos los pueblos contemporáneos festejaban la llegada del solsticio de invierno. La fecha del 25 de diciembre fue fijada por el orbe católico como algo inamovible, aunque no fue aceptada por la Iglesia oriental que, aún hoy día, sigue celebrando el Natalicio de Jesús el 6 de Enero.

Con la instauración de la Navidad, también se recuperó en Occidente la celebración de los cumpleaños, aunque las parroquias europeas no comenzaron a registrar las fechas de nacimiento de sus feligreses hasta el siglo XII.

Viejos

por Josillou
domingo, 28 de diciembre del 2008 a las 11:13
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Viejos

Recuerdo una frase pronunciada hace algunos años por un político ya en retirada: "Cuando un viejo se muere se quema una biblioteca". Me he limitado a parafrasear, puesto que temo no poder reproducir sus palabras exactas.

Muchas  gentes que alguna vez poblaron mi vida no son ya más que semblanzas, entes que se han ido diluyendo en el tiempo y que ahora afloran en los sueños, con pujanza. Es absurdo anclarse a una época y a unas personas, pero cuando desaparece alguien de una generación anterior a la mía no puedo evitar un sentimiento cada vez mayor de soledad y tomo por instantes conciencia de algo consabido y obvio, pero que normalmente fingimos ignorar: la unicidad de cada persona.

Ya no podremos dirigirnos a esas personas para que nos cuenten sus vivencias, o para requerir su opinión o consejo. Todo lo que sabían desaparecerá sin remisión en un instante, sin que ninguna enciclopedia o diccionario pueda recopilarlo. No tanto sus conocimientos, que también, sino ese cúmulo de sensaciones, recuerdos, sabores y olores, agravios y penas, ecos, situaciones y todo lo demás que a lo largo de los años forjaron su identidad única e irrepetible, todo lo que hace que podamos ser "yo", desde que adquirimos el primer hálito de consciencia hasta que toda consciencia se extingue.

Hay quienes se atreven a llevar adelante la puesta por escrito de sus memorias. Algunos son escritores de oficio y son capaces de describir con cierta justeza sus historias y sensaciones. Pero por muy bien que lleguen a poder hacerlo, sus memorias no serán más que un desvaído reflejo, una descripción parcial y tremendamente incompleta. Sin contar con que la mayoría carece de tiempo, o de ganas, o de facultades para acometer tal empeño. Y por si fuera poco, reina siempre la pregunta de si sus memorias interesarán a alguien aparte de a su autor.

He conocido gentes que padecieron guerra, analfabetismo, enfermedad, privaciones de toda índole, que conocieron a otras personas, cuyos nombres colonizan hoy libros de Historia. Cada una, individualmente, podría protagonizar una novela. Y he reflexionado sobre esas personas que esta sociedad presuntuosa y ombliguista tiene desaprovechados, sin pedirles parecer, huyendo de ellas cuando se atreven a contar algo, ninguneando su opinión y arriconándolas para que se pudran en el sentido coloquial y aún literal de la frase.

No quiero terminar con ninguna moraleja. A lo mejor son reflexiones vacuas. O corporativistas, ahora que empiezo a estar en la juventud de la vejez, y, por ende, a adquirir una buena edad de esquela.

 

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Francisco y Verónica, jóvenes admirables (Yssa)
Mencanta tu comentario.si. no hay error. me encanta no refleja. tiene que ser Mencanta...asi y ......(26 nov)
Sexo teórico (lerna)
jajajajajajaj..... Sólo recuerdo historias de mi hermanas mayores y,,,,,,,,,, Como me toreaban para ......(24 nov)
Sexo teórico (Anablogg)
Me perdonarás por triplicar mi comentario? Este obolog ta fatás.Ahora saldrán varias copias; ......(23 nov)
Sexo teórico (Anablogg)
Me perdonarás por triplicar mi comentario? Este obolog ta fatás....(23 nov)
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