7j
Las paredes empiezan a parecerse a lienzos multicolores, de las farolas cuelgan ya cabezas forzadamente risueñas y por las televisiones, sacudiéndose la modorra general, políticos de segunda fila de los dos partidos del bipartidismo se empeñan en debatir no se sabe sobre qué (nosotros hemos hecho / ustedes no han hecho), parir la frase lapidaria/ frase exabrupto que desarme a la dialéctica y a la razón, hipnotizar más que convencer. Todo suena a canción quemada por un verano entero de verbena y discoteca, mientras las audiencias se escapan por la tangente del botón del mando hacia entretenimientos menos enojosos.
De nuevo las charangas de música estridente, donde resuenan más los himnos que los programas, donde los eslóganes pesan más que los argumentos y donde los candidatos volverán de nuevo la vista hacia los mayores y les prometerán dentaduras y prótesis, ordenadores y acceso a la red de redes, todo envuelto en papel de regalo, después de transportarlos al mitin como a una turba de esclavos redimidos. La izquierda parecerá más izquierda y veremos a los siempre encorbatados, en mangas de camisa, y la derecha o derechona aparecerá suavizada como en plan coleguilla donde hasta las cabezas más pijas sacudirán sus melenas con un punto menos de energía.
Los partidos comparsas tratarán de asomarse por los resquicios que les dejen los michelines de los dos de siempre y su mensaje, sin púlpitos dorados, una vez más será como escupir en el océano, porque nadie les hará caso, ni se enterará de su existencia, salvo los tres o cuatro culturetas criticoides de pañuelo palestino, herederos frikis de los barbados- antañones. Seguramente nos amonestarán para que nos veamos forzados a abjurar de esa Europa de los mercaderes. Seguramente nos hablarán de identidades, de naciones y de zarandajas por el estilo, pero eso resbalará ante orejas endurecidas, como granizo sobre albarda.
Tanto da lo que se largue en los días de campaña. Los previamente convencidos votarán lo que ya está impreso en sus genes, y los indecisos votarán el icono. Ninguna campaña podrá ganar la batalla contra el prejuicio y se seguirá votando con las tripas, como cruzados por la causa. Una vez más se apelará al pasado con discursos levíticos, que son pitanza para mitologías del odio.
Seguramente, mi madre me preguntará a quién hay que votar el 7J, y yo seguramente le responderé que vote en conciencia y bla, bla, bla. Ella votará seguramente a los que le hayan prometido no quitarle ni rebajarle la pensión, y mientras, Europa seguirá siendo seguramente una dama lánguida, medio vestida o medio desvestida con un terno polícromo de banderolas.
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