Memoria histórica
Muchas personas que nunca se vieron afectadas por la monstruosidad que supuso la guerra civil española ni en carnes propias ni en las de sus familiares, tildan de innecesaria la ley de Memoria Histórica, y que sólo servirá para reabrir viejas heridas, para atizar y remover los ya fosilizados enconos.
No creo que sea por afán de revanchismo por lo que existen personas y asociaciones cuyo principal objetivo sea la de la recuperación de esa memoria histórica, arrancada violentamente por los elementos que apoyaron y consolidaron un golpe militar que sumió a España en décadas de atraso e incuria.
Hubo ocasión de escuchar las palabras de Anita Molina (Mogón, 1920, aunque desde los tres años ha vivido en Linares), una mente joven en un cuerpo añoso, que sigue poseyendo esa fuerza y ese entusiasmo de su adolescencia en la que se afiliaría a las Juventudes Socialistas. A pesar de haber padecido persecuciones, cárcel, torturas y muerte en su persona misma y en la de sus familiares (su padre fue fusilado, más bien asesinado, y su marido peregrinó por distintas cárceles durante veinte años), se ha entregado de forma inquebrantable a la lucha por la igualdad de la mujer, y a que las nuevas generaciones conozcan la peripecia de otras generaciones masacradas por un régimen torturador. Fue emotiva la lectura que hizo de un comunicado, preparado al efecto.
Felipe Serrano López (Linares, 1946), secretario de la Asociación para la Defensa de la Memoria Histórica es otro veterano luchador. Nacido en una España franquista, pronto tomó conciencia de los crímenes que se cometieron en ambos bandos contendientes, pero que unos pudieron ser publicitados y, de alguna manera, reparados, mientras que otros han tenido que yacer bajo toneladas de oprobio y sus restos permanecer durante muchos años en fosas comunes o en algún lugar desconocido, a veces no lejos de la cuneta en la que se les asesinó. Quiere que los nombres de aquellos caídos sean también conocidos y reconocidos, porque, aparte de sus ideales, también murieron por España, pero por una España diferente, una España de libertad para todos sus hijos, independientemente de su circunstancia personal. Él y su asociación trabajan contra un muro de incomprensión y por conocer en todo lo posible dónde se hallan sepultados los restos de los represaliados, y que sus familiares sepan de un lugar donde llevarles flores, algo aparentemente tan simple, pero hasta ahora virtualmente imposible.
Habló en tercer lugar el más joven de los ponentes, el escritor Isaac Rosa (Sevilla 1974), es un escritor comprometido con el tema, tanto desde sus novelas (El vano ayer (2004), ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (2007) y El país del miedo (2008), publicadas en Seix Barral), como en sus artículos periodísticos. A pesar de la cantidad de libros de todo género (novela, ensayo, histórico,...) que sobre la temática de la guerra civil-franquismo-transición continuamente saltan a los escaparates de las librerías puede generar una sensación de hastío sobre si la nuevas publicaciones aportarán algo novedoso a lo ya dicho o serán meros refritos de un número limitado de tópicos.
Es partidario de que se catalogue toda la obra sobre el tema, tanto de uno como de otro signo. Solo en ficción se llevan ya publicadas un número de novelas que sobrepasan las 2000. Hay que investigar sobre las torturas de tantos años, pero también sobre carreras profesionales que se cimentaron sobre la acusación anónima y sobre el chivatazo inicuo. Prebendas de todo tipo, estancos, momios y sinecuras para afectos, mientras que los considerados desafectos fueron purgados de sus puestos y condenados a una vida llena de afrentas, cuando no al exilio o la muerte. Puso el ejemplo de Laín Entralgo, considerado gran intelectual en el franquismo, pero que, como cuenta Castilla del Pino en sus memorias Pretérito imperfecto, se aprovechó de su falangismo militante y de esas purgas para escalar puestos en su vida académica.
¿Y que decir de la tortura? Es necesario que se conozca a fondo, que se repasen los archivos y se sepa que lugares como la oficina de la Dirección General de Seguridad, sita en la antigua Casa de Correos de la Puerta del Sol de Madrid, se torturó de froma continuada llegando a altos grados de refinamiento.
Estas y otras cosas son necesarias, que la gente joven se entere que si hoy disfrutan de una libertad imperfecta, pero tangible, es debido a que personas de otro tiempo lucharon y dieron su vida y su albedrío por la consecución de un mundo diferente.



