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Verano

por Josillou
domingo, 14 de junio del 2009 a las 12:06
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Playas

 

Ha llegado la ola de calor que obnubila las ideas y vacía las calles de una ciudad tristona. Uno siempre espera que los calores se retrasen todo lo posible, sobre todo cuando hace una semana disfrutábamos de una temperatura suavemente invernal y en esa guisa uno tiene ganas de hacer más cosas. Pero “la calor inhumana” ha llegado de inmediato a embotar las pocas neuronas que todavía me quedan. El exceso de calor nos produce irritabilidad, cansancio, sensación de malestar, apatía, decaimiento, astenia, negativismo,…Sin dejar de lado el hecho de que el verano es una estación insalubre que se ceba con los más vulnerables: niños y ancianos. 

He aprendido a tener gustos espartanos, a resistirlo casi todo, el cansancio, el hambre, la sed, el frío y el calor y detesto la actitud de esas personas tiquismiquis que se quejan de todo, que destrozan el plato porque no tienen más ganas y un par de horas después dicen que tienen un hambre canina, la de las que no pueden aguantar el aire acondicionado, cuando momentos antes decían no poder soportar el calor, pero que dos minutos después vuelven al calor en una sucesión continua de pijos pendulazos. 

Pero, aunque mis tragaderas son anchas, no por ello carezco de opinión, y hace mucho tiempo que aborrezco el verano, sobre todo cuando verano es sinónimo de playa, que a su vez es sinónimo de multitud gregaria, mitad voyeur, mitad exhibicionista, de especímenes musculitos de bermudas y paquete, de arena que te abrasa los pies y se cuela por todas las rendijas y luego obstruye el desagüe de la ducha, de paseos ante un panorama que asemeja el mostrador de una carnicería, de saborear en innobles chiringuitos paellas precongeladas y sangrías repelentes al precio de delicatessen.

Me gusta la playa, pero en invierno, cuando la brisa es capaz de transportarme al silencio y la soledad, cuando el abrigo y la lluvia te meten en el andamio de los huesos. En verano la playa es un ambiente de colada y cuarto de baño sin tabiques, el desagüe del verano y nunca he podido encontrarle diversión a ese mojarse y cocerse alternativamente.

No me gusta el verano porque se nutre de un hedonismo de secano, de falsos paraísos que alimentan a gentes prescindibles, percheros de modelos pavorosos, donde no suelen faltar chanclas, riñoneras y mariconeras varias y el toque de las gafas de sol, que les confiere un gesto falsamente hiératico. No me gusta el chinchimpún de la canción de verano sonando a todas horas, ni las lecturas suaves de best sellers ni de novelitas falsamente históricas.

 No me gusta llegar a un hotel y encontrar guiris y no guiris que jamás esbozan un saludo, que se adelantan con violencia para entrar en el ascensor, obviando las más elementales normas de urbanidad, que se atiborran en el bufé con una panoplia de diez helados después de haber engullido varios platos de entremeses, donde no falta el salami, las mantequillas, las cocacolas, pero luego toman el café con sacarina, que engorda menos. 

En fin, que no me gusta el verano. Quizá porque a casi todo el mundo le gusta. Contradictorio que es uno. Pero al final haré lo que hace todo el mundo y pasaré unos días en la playa. Mientras tanto, desde el secarral, escucharé mis olas interiores y entraré remando en los sueños. 

 

Voca people. Voces sin instrumentos

por Josillou
miércoles, 10 de junio del 2009 a las 12:23
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Emilio Moral

por Josillou
martes, 09 de junio del 2009 a las 10:01
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Emilio Moral

En mi ya no corta existencia he asistido a muchas, a demasiadas procesiones de muertos. En algún resquicio de mi memoria surgen de vez en cuando personajes que desaparecieron de mi vida, cuando mi agenda vital era un libro blanco y sin tachaduras. A veces quiero  atrapar un tiempo que se fue y me encuentro una fotografía en blanco y negro, o virada al sepia, desde la que me contemplan gentes a las que casi nadie ya recuerda. 

Lo conocí ya viejo, o a mi me lo parecía, su piel era un pellejo verdigris, lleno de surcos, de veredas, donde estaba escrita su biografía de cenizas. Debajo de la boina papal y descolorida asomaba un ralo mechón de cabello encanecido y grasiento. Los ojos acuosos y glaucos, quemados por los vientos fríos y por los soles abrasantes de las dehesas, presagiaban unas cataratas incipientes. A su nariz, larga y con una pequeña joroba, le faltaba esa canónica simetría de lo atractivo y se desviaba hacia un lado, hacia el  lado en que su labio superior, permanentemente levantado, dejaba entrever las tres o cuatro piezas dentales que  todavía conservaba. Su boca nunca podía cerrarse, fruto de la parálisis facial que le produjo aquella bala vagabunda que, en una trinchera de la margen izquierda del Ebro, cerca de Flix, le entró por la sien y le salió por el maxilar inferior. Un milagro que pudiera contarlo. Su sordera era acusada y había que hablarle despacio y procurando que pudiera leer los labios. Decía escuchar permanentemente silbidos y explosiones, y, a pesar de que era capaz de  quedarse dormido en un instante con gran aparato de soplos y ronquidos, se despertaba de forma súbita al verse rodeado de rifeños blandiendo sus gumías: siempre la misma recurrente  pesadilla. 

Vestía, en invierno o en verano el mismo pantalón de pana, con piezas de color más oscuro,  una camisa de tirilla abotonada hasta arriba y un chaleco con cadena, que terminaba en un reloj de bolsillo, al que, decía, nunca se había olvidado de darle cuerda. Una chaqueta de la misma pana del pantalón, con coderas, le conferían esa cierta dignidad de los pobres que un día, en su lejana adolescencia tuvieron ideas y se ilusionaron con un mundo mejor. Calzaba alpargatas blancas con suela de cáñamo y recordaba que con similar calzado tuvo que atravesar más de media España, la España de las cicatrices, la de los barrancos llenos de muertos, la de las cunetas transitadas por espectros, para llegar a su casa con los pies ensangrentados. Se apoyaba sobre una garrota que él mismo se había fabricado y caminaba visiblemente encorvado, aunque siempre digno.

 Emilio murió cuando yo, siguiendo el camino que marcaban muchos otros, ya había emigrado lejos de mi ciudad. Desde mi nuevo lugar en el norte recibí la carta de trazo irregular de mi padre, en que me hablaba de su entierro y de las dos o tres coronas que lo acompañaron en un día desangelado de marzo. Me di cuenta de que mi mundo empezaba a resquebrajarse.

 Cuando ya han pasado muchos años, hoy más que nunca, te recuerdo, Emilio, y te doy las gracias por la historia de tus zozobras, que me relatabas en aquellas noches serenas de agosto, mientras una lágrima de San Lorenzo atravesaba apresuradamente el cielo. 

 

 

Memoria histórica

por Josillou
viernes, 05 de junio del 2009 a las 14:20
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Ana Molina, Felipe Serrano e Isaac Rosa

Muchas personas que nunca se vieron afectadas por la monstruosidad que supuso la guerra civil española ni en carnes propias ni en las de sus familiares, tildan de innecesaria la ley de Memoria Histórica, y que sólo servirá para reabrir viejas heridas, para atizar y remover los ya fosilizados enconos.

No creo que sea por afán de revanchismo por lo que existen personas y asociaciones cuyo principal objetivo sea la de la recuperación de esa memoria histórica, arrancada violentamente por los elementos que apoyaron y consolidaron un golpe militar que sumió a España en décadas de atraso e incuria.

Hubo ocasión de escuchar las palabras de Anita Molina (Mogón, 1920, aunque desde los tres años ha vivido en Linares), una mente joven en un cuerpo añoso, que sigue poseyendo esa fuerza y ese entusiasmo de su adolescencia en la que se afiliaría a las Juventudes Socialistas. A pesar de haber padecido persecuciones, cárcel, torturas y muerte en su persona misma y en la de sus familiares (su padre fue fusilado, más bien asesinado, y su marido peregrinó por distintas cárceles durante veinte años), se ha entregado de forma inquebrantable a la lucha por la igualdad de la mujer, y a que las nuevas generaciones conozcan la peripecia de otras generaciones masacradas por un régimen torturador. Fue emotiva la lectura que hizo de un comunicado, preparado al efecto.

 Felipe Serrano López (Linares, 1946), secretario de la Asociación para la Defensa de la Memoria Histórica es otro veterano luchador. Nacido en una España franquista, pronto tomó conciencia de los crímenes que se cometieron en ambos bandos contendientes, pero que unos pudieron ser publicitados y, de alguna manera, reparados, mientras que otros han tenido que yacer bajo toneladas de oprobio y sus restos permanecer durante muchos años en fosas comunes o en algún lugar desconocido, a veces no lejos de la cuneta en la que se les asesinó. Quiere que los nombres de aquellos caídos sean también conocidos y reconocidos, porque, aparte de sus ideales, también murieron por España, pero por una España diferente, una España de libertad para todos sus hijos, independientemente de su circunstancia personal. Él y su asociación trabajan contra un muro de incomprensión y por conocer en todo lo posible dónde se hallan sepultados los restos de los represaliados, y que sus familiares sepan de un lugar donde llevarles flores, algo aparentemente tan simple, pero hasta ahora virtualmente imposible.  

Habló en tercer lugar el más joven de los ponentes, el escritor Isaac Rosa (Sevilla 1974), es un escritor comprometido con el tema, tanto desde sus novelas (El vano ayer (2004), ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! (2007) y El país del miedo (2008), publicadas en Seix Barral), como en sus artículos periodísticos. A pesar de la cantidad de libros de todo género (novela, ensayo, histórico,...) que  sobre la temática de la guerra civil-franquismo-transición continuamente saltan a los escaparates de las librerías puede generar una sensación de hastío sobre si la nuevas publicaciones aportarán algo novedoso a lo ya dicho o serán meros refritos de un número limitado de tópicos.

Es partidario de que se catalogue toda la obra sobre el tema, tanto de uno como de otro signo. Solo en ficción se llevan ya publicadas un número de novelas que sobrepasan las 2000. Hay que investigar sobre las torturas de tantos años, pero también sobre carreras profesionales que se cimentaron sobre la acusación anónima y sobre el chivatazo inicuo. Prebendas de todo tipo, estancos, momios y sinecuras para afectos, mientras que los considerados desafectos fueron purgados de sus puestos y condenados a una vida llena de afrentas, cuando no al exilio o la muerte. Puso el ejemplo de Laín Entralgo, considerado gran intelectual en el franquismo, pero que, como cuenta Castilla del Pino en sus memorias Pretérito imperfecto, se aprovechó de su falangismo militante y de esas purgas para escalar puestos en su vida académica.

¿Y que decir de la tortura? Es necesario que se conozca a fondo, que se repasen los archivos y se sepa que lugares como la oficina de la Dirección General de Seguridad, sita en la antigua Casa de Correos de la Puerta del Sol de Madrid, se torturó de froma continuada llegando a altos grados de refinamiento.

Estas y otras cosas son necesarias, que la gente joven se entere que si hoy disfrutan de una libertad imperfecta, pero tangible, es debido a que personas de otro tiempo lucharon y dieron su vida y su albedrío por la consecución de un mundo diferente.

 

 

Clase media. El fin

por Josillou
martes, 02 de junio del 2009 a las 13:21
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Clase media. El fin

Vapuleada por poetas y libertinos, idolatrada por moralistas, destinataria de los discursos de políticos, papas, popes y cuantos se suben alguna vez a un púlpito en busca de votantes o de adeptos, adulada por anunciantes, recelosa de heterodoxias y huidiza de revoluciones, santo y seña del llamado centro político, pilar de familias y comunidades, principal sustento de las Haciendas públicas y garante del Estado de bienestar, la clase media ha sido el rostro humano de la sociedad occidental.  

En un mundo globalizado, en el que hasta en el más mísero país siempre se puede encontrar a alguien con suficientes medios para vivir en la opulencia, sólo la preeminencia de la clase media distingue los Estados llamados desarrollados del resto. Los países dejan de ser pobres no por el puesto que ocupan sus millonarios en el ranking de los más ricos -de ser así, México o la India estarían a la cabeza del mundo, dada la fortuna de sus potentados-, sino por la extensión de su clase media.

Me atrevería a decir que la clase media entró en decadencia cuando cayó el muro de Berlín y sobrevino la desintegración del bloque soviético. Dejaba de existir un contrapeso al otro lado y por tanto los estados y las clases más pudientes pudieron actuar sin cortapisas en la liquidación del welfare state, el estado de bienestar, aquel en que el individuo tiene la esperanza legítima de que la sociedad, el estado o el gobierno que los representa o sustenta no los abandonará en momentos de dificultad. 

A medida que ha ido avanzando el tiempo, veinte años ya, las clases medias han ido viendo como sus ingresos y sus derechos, conseguidos a lo largo de decenios de lucha sindical caían de forma inexorable y paulatina. A los profesionales con más años, más derechos y más sueldo se les ha ido apartando, con fómulas dulcificadas y no traumáticas (¿...?), las prejubilaciones y desvinculaciones, eufemismos del despido colectivo, después de lanzar ideas perversas sobre la inutilidad de los viejos, o, los seniors, como se ha pretendido suavizar el término, dando por sentado que "viejo" es una palabra oprobiosa,  para adaptarse a los nuevos derroteros de la tecnología. 

Y se ha venido concediendo la oportunidad para que nuevos cachorros tomen el relevo. Eso sí, becarios, en contrato de prácticas u otras fórmulas más o menos ingeniosas en que no se valoran los conocimientos ni las aptitudes objetivas, sino el concurso de méritos, evaluables por una "comisión de expertos" y que estén dispuestos a dejarse la piel trabajando todas las horas que se requieran, pero,  claro,  sin cobrarlas. Como me decía un empleado joven: "Vocean: ¡Bacín! Y yo respondo: ¡Presente!"

Ayer el BBVA lanzaba una nueva dentellada hacia su plantilla, con un plan de excedencias "voluntarias". Los más o menos avisados sabemos que la voluntariedad suele venir acompañada de presiones, sobre todo para que las oficinas más excedentes de personal, a juicio de la "comisión de expertos" sean las que más rápidamente se acojan a esas medidas tan "imaginativas y generosas".

Parece que la llamada clase media tenga los días contados. Bienvenidos y bienaventurados los low cost, los baby losers, o como se les conoce en España, los mileuristas, porque ellos, con su capacidad de adaptación, poseerán la tierra, o, por lo menos, las ayudas.

 

¿Deflación?

por Josillou
sábado, 30 de mayo del 2009 a las 09:23
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¿Deflación?

La deflación es algo que ha aparecido en la Economía en momentos históricos de crisis económica como elemento indeseable. Los precios de bienes y servicios bajan continuadamente por la retracción de los compradores, lo que inunda de stocks los almacenes. Los fabricantes detienen la producción y el paro se incrementa a tasas increíbles, lo que realimenta la crisis económica en un bucle vicioso.

Dato de Mayo para el IPC: -0,8%. Fuente: Instituto Nacional de Estadística.

Surge la pregunta: ¿tiene sentido hablar de deflación en la economía española cuando en lo que va de año el recibo de la luz ha subido un 33% y el barril de petróleo casi un 50%? Cae la recaudación del estado en todos sus capítulos, con la excepción de los ingresos por tasas, que duplican los niveles alcanzados hace un año. Cabría por lo tanto averiguar si están bajando los precios como consecuencia directa de una menor demanda, o si un mayor porcentaje de la economía española se está sumergiendo. Esta última hipótesis de trabajo explicaría por qué, a pesar de la crisis, los precios se mantienen e incluso suben, al tiempo que se merma la caja del Estado. 

El IPC Armonizado, cuyo indicador adelanta mensualmente el INE, revela una deflación del 0,8% con relación al mismo mes de 2008. Es la primera vez desde el periodo de la Guerra Civil que se maneja una estadística de este tipo en la economía española. ¿Es bueno o es malo? La mayor dificultad es calibrar en su justa medida lo que significa el descenso continuado de los precios de referencia. Los analistas señalan como culpable habitual a la fuerte volatilidad del precio del petróleo. Primero se disparó y luego se hundió, provocando un auténtico tsunami financiero en los mercados de divisas, y un efecto dominó en todos los sectores de la economía productiva. Pasada la ola, predicen que las aguas volverán a su cauce. Así pues, el debate trata de sí nos enfrentamos a una deflación estructural dañina, o por lo contrario, a una deflación circunstancial benigna. 

Una de las consecuencias directas e inevitables es que el dato de IPC destiña sobre la cuestión laboral. Expertos del BCE como Otmar Issing, que ha documentado recientemente en un libro el nacimiento del euro, señalan que es muy difícil o imposible bajar los salarios nominales a los trabajadores, por razones que tienen que ver con la psicología social y con la política. A lo que sí abre la puerta, por idénticos motivos, es a periodos prolongados de congelación salarial. La negociación de los convenios colectivos del próximo ejercicio puede ser caliente, toda vez que la recreación estadística de la economía se topa de bruces con la realidad que viven los ciudadanos. 

Cabe preguntarse si la percepción de los ciudadanos es contraria al dato ofrecido por el INE y estiman que los precios están subiendo. Además si un empresario, por puro instinto de supervivencia,  tiene la tentación de pasarse a la economía sumergida y dejar de pagar los impuestos correspondientes, aunque mantenga o baje ligeramente los precios ¿estamos ante una deflación o inflación real encubierta, cuando no tenemos claro si cae la demanda o se esconde? ¿El nuevo modelo de economía sostenible es: subir los impuestos a los que pagan y hacer la vista gorda con los que no pagan? 

 

Autocrítica en la Poesía

por Josillou
viernes, 29 de mayo del 2009 a las 08:58
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Poetas giennenses de ahora

Poetas giennenses de ahora

De izquierda a derecha: Fernando F. Ortega, Yolanda Ortiz, Francisco R. Funes (introductor), Ana Toledano, Antonio Alfonso

Cada poeta que se precie tiene su propia preconcepción sobre la poesía, aunque no le incumba a él emitir una respuesta absoluta a la pregunta de qué es la poesía. Es esa una pregunta filosófica, a la que debe dar respuesta no un poeta, no un crítico, sino un filósofo, no necesariamente poeta.

Pero para nuestro propósito de lectores y degustadores de poesía nos da un poco igual la esencia de la construcción poética. Quede su hallazgo para los sesudos teóricos y merodeadores de la esencia lírica. Nosotros nos contententaremos con extraer del poema la belleza, no como paradigma absoluto, sino "la belleza que remueve nuestras tripas", la que apela a nuestra emoción, la se cuela por las rendijas de nuestros sentidos, en suma, "nuestra belleza".

Está claro que cada poeta tiene "su" belleza y cada lector la suya propia, y por ello un poema llega a unos y no a otros, como llega a unos y no a otros cualquier otra manifestación artística. Hay quienes se inclinan a permitir el café para todos, que todo el mundo escriba y se arrogue funciones de poeta, y que mande sus poemarios a concursos sin ningún pudor ni autocrítica porque ¿quiénes somos los demás para juzgar algo en lo que el autor volcó toda su ilusión?

No puedo estar más en desacuerdo. Por esa regla de tres, no deberíamos criticar ni pintura, ni arquitectura, ni ninguna otro fruto de la creación humana para que el creador no se vea herido. Aunque no haya sido un ávido ni apasionado lector de poesía, también he incurrido alguna vez en la tentación de componer algunos versos, y lo que es peor, en la temeridad, nacida tanto de mi ingenuidad como de mi petulancia, de hacerlos públicos, aunque haya sido solo a familiares o a círculos reducidos de amigos. A pesar de que mi vena de vate no se haya secado del todo, he renunciado ya a la creación de una "obra imperecedera" y me he resignado a que mis engendros solo sean para mis ojos, pero por la misma causa, mi sentido crítico se ha ido agudizando y me creo con derecho a manifestar lo que me gusta y no me gusta, sin pretender, por supuesto, convencer a nadie de mis criterios.

Si alguien carece de pudor para dar a conocer su  obra, que lo haga. Y caiga sobre ella todo el peso de la crítica, aunque se vea mermada su ilusión y el varapalo lo haga descender desde el Parnaso a la tierra firme; la vida es una sucesión de sobresaltos, y cada palo debe aguantar su vela.

 

Susan Boyle

por Josillou
jueves, 28 de mayo del 2009 a las 21:27
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Muy pocos esperaban mucho de ella. Pero Susan Boyle sorprendió a todos con su voz y sus magistrales interpretaciones.

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Comentarios

Úbeda subterránea (lerna)
Volveré con mas tiempo a ver los videos. Las imágenes son impresionantes.. Lo dicho,,,,luego vuelvo...(06 nov)
Palabras postreras (lerna)
,,,,,,,,,,,...(04 nov)
Arte efímero (arlequini)
precioso amigo, como siempre....(04 nov)
Palabras postreras (arlequini)
Como siempre amigo, tus posts no tienen desperdicio.  Con la muerte hemos topado, querido Sancho. ......(04 nov)
Arte efímero (eclipse)
...(04 nov)

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