Olores en otoño
Se dice que la memoria olfativa es la que mejor se conserva entre nuestros recuerdos. El inicio del otoño era una época de colores vivos, pero también de olores; las matas de pimientos, de tomates, de berenjenas estaban ya para el arranque y las granadas empezaban a abrirse tras las primeras lluvias. Lluvias que dejaban un olor como de tiempo nuevo, que percibías cuando se veían brotar los primeros tallos de hierba en los bordes de los caminos, o cuando se olía la tierra que removíamos cuando buscábamos las reinas aladas de los hormigueros.
Hoy hay tomates, pepinos o pimientos en cualquier época del año, pero es difícil encontrar en el supermercado una fruta que conserve el olor y el sabor que tenía hace años cualquier ejemplar de la misma especie. Los que tuvimos ocasión de vivir aquellos otoños tenemos la suerte de recordar los sabores naturales de muchas cosas de las que, por desgracia, nuestros hijos sólo podrán percibir su literatura, y nuestros nietos, su arqueología. Se ha abierto entre nuestra generación y la siguiente un abismo sensorial casi insalvable. Nosotros pudimos paladear los mismos sabores que disfrutaron nuestros padres, pero aquellos sabores nuestros hijos sólo podrán leerlos, en la seguridad de que en la siguiente rama del árbol genealógico sólo se conservará relativamente intacto el olor del fuego en el que ardieron las fotos.
Pero… ¿Se puede describir un olor?




Comentarios sobre Olores en otoño
Para tí, no hay nada imposible, amigo Josillou... Intentalo y verás cómo sale...
La verdad que un olor puede representar tanto. Los olores son capaces de generarnos estados de animo y gran cantidad de sensaciones.