Lucas Granizo
Dicen que había venido de la parte de Granada y era un tipo raro, muy raro. Taciturno, solitario y con cara de iluminado. Nunca nadie supo por su boca nada de su vida anterior. Un día se presentó en el molino de aceite feo, desastrado, vestido de harapos y mal afeitado y pidió trabajo a los escribientes. Hacían falta brazos y Lucas los tenía bien puestos y con muchas reticencias lo admitieron, no sin antes advertirle que lo echarían sin contemplaciones si alguien manifestaba la más mínima queja.
Pronto se dieron cuenta de que Lucas Granizo era duro y correoso y nadie le podía mojar la oreja en cuanto a rendimiento en el trabajo. Incansable, obediente, habilidoso y con la fuerza de un toro, era capaz de descargar los capachos de lomos de los mulos y llevarlos, uno en cada mano y sin esfuerzo aparente hasta la troje. Nunca se le vio un mal gesto, a pesar de su expresión de azogado, ojos saledizos, estrábico, con la boca siempre abierta y la colilla diminuta pegada a la comisura de los labios.
Para pasar las noches habilitó un caracol semiderruido en el monte de El Terrero, como a media legua del molino. El caracol es una especie de chamizo construido por los pastores en forma circular y tapado con una cúpula de piedras sueltas. Tuvo que repararlo a conciencia y puso un lecho con los sarmientos podados en las viñas cercanas y encima varias capas de pajones de avena loca de los padrones aledaños. Procuró tapar con barro todas las grietas para que no entrara la lluvia.
Cuando llegaba a su chozo, después de un día de trabajo terrible, Lucas se quedaba mirando al sol poniente, que agonizaba entre nubes arreboladas y teñidas de sangre sobre la cúpula brillante del convento de los frailes, se ponía de rodillas y pasaba largo rato con los brazos en cruz, como en éxtasis, hasta que la sombra proyectada sobre aquel monte vagamente bíblico se iba diluyendo en el crepúsculo. Quién lo observaba decían que mostraba una cara contraída por el esfuerzo del llanto contenido e incluso que llegaba a levantarse un palmo del suelo en una levitación nunca vista.
Todos las noches, hiciera frío o lloviera, Lucas ensayaba esta forma de ascetismo. Se habló mucho de un proceder tan extraño, e incluso se dividió la población entre los que creían que era obra divina y los que veían en ella obra del demonio, y hasta echaron de menos el largo brazo de la Inquisición, pero el tiempo fue pasando y nadie, ni siquiera el cura ni la autoridad llegaron a intervenir.
Llegó el mes de mayo, y con él se dio por acabada la molienda. Con los depósitos rebosantes de aceite virgen, Lucas recogió el fruto de su trabajo despidiéndose hasta una próxima temporada, que ojalá fuera tan pródiga como la ya concluida y enfiló hacia el sur, a buen paso, perdiéndose rápidamente por el camino blanco orlado por un verde amarillo de jaramagos.
Se supo de él a los ocho días, cuando apareció ahorcado con un vencejo de ramón en el cuello, cuidadosamente trenzado por manos hábiles en una oliva gordal del sitio de Valdeolivas. Curiosamente se le había corregido la bizquera y sus ojos abiertos lanzaban una mirada perdida a ninguna parte. Parece ser que el móvil fue el robo de los dineros obtenidos con su trabajo. Eso fue lo que determinó la investigación de la guardia civil. Se dijo que fueron varios los que lo atacaron, y que serían conocidos, pues de otra manera no hubiera sido fácil dominar a un hombre de la fortaleza de Lucas Granizo.
El caso fue quedando en olvido, el sumario quedó permanente abierto, y nunca se descubrió a los autores del crimen, pero Miguel Miguelón, a quién los pies del cadáver le dieron en la cabeza mientras cavaba el pie de la oliva donde estaba colgado, quedó marcado para siempre, quedándose lelo, aunque en momentos de lucidez nos recordaba la terrible impresión que sintió en aquel momento que transformó su vida.




Comentarios sobre Lucas Granizo
Que interesante historia. Un gusto aprenderla Jose. Gracias.
Josú, josillou, ni idea de quién es este individuo... ¿fue de por aquí???
Muy buena historia. Me ha gustado la forma de relatarla. Es un cuento tuyo o una historia verídica. ¡ De cualquier forma, es excelente!
Muchas gracias. Tiene un transfondo de verdad, aunque con muchos aditamentos de mi cosecha.