La nueva Rumasa

Eppur si muove. La leyenda que atribuye a Galileo la famosa frase, tras verse abocado a abjurar de su teoría copernicana del cosmos ante un tribunal de la Santa Inquisición, podría aplicarse al Caso Rumasa, y a la controvertida y ya mítica figura de José María Ruiz Mateos. A los 27 años de la expropiación forzosa del Grupo RUMASA, el holding empresarial de la familia Ruiz Mateos ha resurgido de sus cenizas. A nadie se le escapa que la muy mediática campaña de captación de pagarés de la Nueva Rumasa pueda tener una pequeña componente de venganza política. Crecer, pedir dinero a los inversores para comprar empresas en dificultad con el fin de mantener o crear empleo es casi una provocación en un momento histórico como el actual en que la economía ha destruido más de 2 millones de puestos de trabajo. En seis meses, han logrado captar 70 millones de euros, a pesar de las advertencias de la CNMV y de algunos economistas. Sin embargo, siente uno vergüenza ajena cuando pude hace algún tiempo a los políticos locales del PSOE de Jaén dorar la píldora en el Teatro Infanta Leonor a uno de los “cachorros” de la Nueva Rumasa, hijo de don José María y mentor del grupo de alimentación Dhul y Prosaego Eólicas. Los antes denostados villanos parecen ahora los nuevos supermen.
Cuando Miguel Boyer decidió expropiar RUMASA, el holding del empresario Jerezano daba trabajo a 65.000 personas en España y facturaba 2.000 millones de euros de la época. Dejando cualquier consideración jurídica al margen, desde entonces ha llovido mucho; los españoles hemos aprendido desde entonces que en materia de economía casi siempre lo excepcional y discrecional es la regla. La reciente quiebra del sistema financiero internacional sólo ha venido a confirmar algo que muchos sospechaban, otros intuían, y unos pocos sabían: “obras son amores y no buenas razones (contables)”. El holding alimentario NUEVA RUMASA, reconstruido a partir de los restos recuperados de la antigua RUMASA, emplea a 10.000 personas en estos momentos.
Las noticias relacionadas con la familia Ruiz Mateos se suceden en los mercados. Si hace unos días, se publicaba la inminente salida a bolsa del grupo Cacaolat, la prensa salmón de hoy se hace eco del interés de unos fondos soberanos por comprar la indemnización millonaria que el gobierno español deberá abonar por la expropiación de RUMASA, convencidos que se negociará un acuerdo extra judicial ventajoso. Un mínimo de 3.000 millones de euros, que serán más sí el Tribunal Contencioso Administrativo admite finalmente la “retasación” de los activos expropiados en su día.
¿Surgen una serie de preguntas, una antiguas y otras nuevas, aunque nunca satisfactoriamente contestadas: ¿Fue justa la expropiación de RUMASA, simplemente oportuna, o se pudo evitar? ¿Pagó RUMASA el pato del momento y sin embargo desde entonces, empresas con deudas mucho más abultadas, han sido indultadas por razón de interés general? ¿La expropiación de RUMASA fue un simple o un asunto “político”? ¿Son fiables los pagarés de la Nueva Rumasa?
Veremos, dijo un ciego.



