Joven madre
Dicen que mi abuela Paca había parido siete veces antes de morir a los 31 años, probablemente de pulmonía. Lo que sigue me lo contó Juana L., una joven amiga, estudiante-madre. Lo reproduzco más o menos como me lo relató.
Cuando Juana L. tuvo que elegir entre ser una profesional competitiva o madre, se le pasó por la cabeza, en principio, abortar como hacen muchas jóvenes universitarias. Pero surgió en ella un sentimiento de rebeldía e ingenuamente intentó terminar la carrera en su “estado”. Así comenzó su sorpresa mayúscula.
La Universidad Complutense de Madrid, una de nuestras universidades públicas más relevantes a nivel nacional e internacional, donde en teoría se forma a los individuos para crear futuro, no contempla la maternidad como algo fundamental. Juana L. constató además, no sólo que no había legislación sobre esta cuestión tan crucial, sino que no se puede hacer nada en contra de esa sacrosanta libertad de cátedra que, dependiente de la subjetiva ética individual, deja en manos de los docentes la decisión de considerar si aceptan o no que las estudiantes puedan ser madres, provocando diferencias notables entre unas facultades y otras y a la vez creando feudos más o menos sensibles al derecho a la maternidad, dependiendo de las distintas carreras.
En su facultad muchos profesores y profesoras actuaron con sentido común, sin demérito del conocimiento, aportándole alternativas. Otros no le dieron opción debido a su falta de asistencia, lógica por otra parte; ya que usan a los alumnos para completar sus artículos y tramos de investigación, ¡No podían permitirse perder su tiempo valioso! Para ellos este tema se prioriza sobre la enseñanza, les da más prestigio, les supone escalar posición y, por ende, dividendos de futuro. Algunos le dieron “sabios consejos”: terminar su carrera a distancia, posponerla o simplemente abandonarla; junto un largo etcétera de prejuicios. Las eminencias (medidas según libros publicados, cargos públicos-políticos, etc.) alegaron sobresaturación de ocupaciones (ajenas a la cátedra); la sociedad no les paga los extras de tiempo para evaluaciones alternativas. Con lo cual le recomendaron tomar otro profesor con horarios que le permitieran la falta de asistencia durante el parto y la futura lactancia. Es penoso que algunos sean en su cátedra reyezuelos despóticos e ilustrados.
Le pidió ayuda al decano, pero no se ofreció. Su cargo estaba cimentado en alianzas que no podía traicionar, alianzas directamente confrontadas con el derecho a la educación y la Constitución Española. Pero Juana L. se mantuvo y siguió estudiando. Entonces le negaron el derecho a examen en el primer cuatrimestre por dar a luz el 31 de Diciembre y estar de baja médica, la cual, por lo visto, solo es aplicable a los trabajadores y los enfermos, pero no al deber de parir y al derecho de estudiar.
Al tercer día después de la cesárea ingresaron a su niña en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital debido a una ictericia leve. El 90% de los niños allí incubados para completar la gestación (gracias a nuestro increíble avance tecnológico, aunque no humanístico) eran hijos de madres mayores de 35 años. Obligadas a posponer la maternidad hasta la finalización de sus carreras, postgrados o hasta lograr situarse en su lucha desigual por promocionarse laboralmente. Con el cansancio que traen los días después de dar a luz, divagando sobre la posición de las madres en nuestra sociedad moderna de futuro, Juana L. visualizó grandes naves industriales llenas de incubadoras y le sobrecogió la idea. El mañana serían nuestros genes debilitándose por la sinrazón, a través de varias generaciones de madres forzadas a esperar demasiado. La imagen de las incubadoras repetidas en hileras, le hizo sentirlas como féretros de nuestra civilización.
No hace mucho la revista National Geographic publicó un artículo titulado El retroceso de un linaje, donde se tratan las causas por las que los Neandertales, estando más desarrollados, siendo más fuertes y con un cerebro más voluminoso llegaron a extinguirse, a diferencia del Hombre Moderno. Entre los principales motivos de su extinción se encuentran el gran consumo calórico (4500 calorías aproximadamente), el no unirse en comunidades y seguir cazando y luchando en pequeños grupos familiares propició que mujeres y niños tuvieran que participar en la caza y los enfrentamientos por el territorio y al ser los más débiles hizo que fallecieran en mayor número que los hombres adultos, esta circunstancia de permanecer en grupos tan reducidos tampoco les ayudó en la supervivencia contra el cambio climático y la escasez de comida. Al no cuidar su genética, progresivamente fueron desapareciendo hasta su extinción.
¿Se puede permitir la sociedad en general desatender la maternidad de esta manera? Y siendo esto así, ¿cómo se le puede pedir a los empresarios que regulen equitativamente todo lo concerniente a la maternidad si los organismos educativos no lo hacen? Nuestro Ministerio de Igualdad, en vez de gastar tanto dinero en piruetas semánticas, ¿no debería de legislar sobre este tema? Y a tenor de todo ésto, una ministra embarazada ejerciendo su cargo, ¿es un referente o solo una estrategia política y propagandística?
¿Se juega su futuro una sociedad “evolucionada” como la nuestra, por no dar ninguna facilidad para que los hijos se alumbren en la edad "fértil"? ¿Es obligación social proteger entre todos el derecho a sobrevivir como especie y que las mujeres no pierdan legitimidad por ser madres? Proteger nuestra descendencia sin especular con ello, es obligación de los que pueden hacerlo.
Estoy muy de acuerdo con Juana L.




Comentarios sobre Joven madre
que belleza
OLÉ.....OLÉ.... Y OLÉ..., COMO SIEMPRE, TAN ACERTADO TÚ COMENTARIO.
ERES DIRECTO Y NO TE PIERDES EN PALABRERIAS.
SIEMPRE ME HA LLAMADO LA ATENCIÓN LO POCO QUE SE PROTEGE LA MATERNIDAD, CUANDO, COMO TÚ DICES, DEPENDE DE ELLA NUESTRA SUBSISTENCIA.
ESTÁ CLARO QUE EL SER HUMANO NO APRENDE DE SUS ERRORES.
¿ NO ES UN CONTRASENTIDO QUE SE HABLE DEL ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN Y QUE HAY POCOS NACIMIENTOS CUANDO NO SE FACILITA A LA MUJER LA MATERNIDAD?
Es hora de que la legislación cambie, las mujeres no van a volver a sus casas, quieren tener una vida fuera de ella sin tener que renunciar a tener hijos y por supuesto les gustaria que fuese cuando son jóvenes.
No es precioso
Precioso, no... preciosísiiiimo...
En este tema, todo está dicho y redicho. Mi pequeña contribución es sólo una palabra: Deshumanización. Es lo que hay.
Sorprendente siempre, Josillou. ¡¡¡Pero qué reguapetón estás en esas foticos de jovenzuelo...!!!!!!!!!