Felipe Benítez Reyes, escritor con mayúsculas
¿La vida? Bien, hablando en términos generales, algo así como el Yin corriendo tras el Yang y el Yang tras otro Yin como una perra en celo. O viceversa. (Walter Arias, de El Novio del Mundo)
En la Biblioteca Pública Provincial de Jaén, y en un acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras hemos tenido ocasión de disfrutar de la presencia del escritor roteño Felipe Benítez Reyes.
La presentación ha corrido a cargo del también escritor Pedro Herrasti, que ha tildado a Benítez de rareza, semejante a la mujer barbuda o el niño de dos cabezas, porque resulta bastante insólito que habiendo estudiado una carrera universitaria tan bonita, a la vez que tan desagradecida como Filología Hispánica, no tenga necesidad de dedicarse a la docencia consabida o a peregrinar por las oficinas del INEM en busca de trabajos poco cualificados y pueda vivir y vivir bien de lo que escribe.
Felipe es autor de una obra literaria extensa, que se centró primeramente en la poesía, de la que es representante genial, pero cultiva con parecida calidad otros géneros como la narrativa, el ensayo y el artículo periodístico de opinión. Ha sido ganador de numerosos premios, destacando el Nacional de Literatura, Nacional de la Crítica, Loewe, Ciudad de Melilla, Ojo Crítico, Ateneo de Sevilla y Nadal. Tanto sus novelas como sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas y él mismo ha sido traductor de la poesía de T.S. Eliot y de Nabokov, dos de sus poetas más admirados. Ha dirigido las revistas Renacimiento y Fin de Siglo.
En una disertación desenfadada, pero densa en contenidos y mediante algunas anécdotas, Benítez Reyes ha glosado su acercamiento a las letras, como fue su lectura constante de una Historia de la Literatura, libro de texto de unas seiscientas páginas en las interminables horas de permanencia en el internado de los jesuitas del El Puerto, la no selección de su relato de estilo fantástico, presentado para el concurso de la Cocacola, sus experiencias parapsicológicas mientras golpeaba una vieja máquina de escribir en el caserón desierto de un familiar y que uno de sus poemas no sirviera para que un amigo suyo pudiera conquistar a varios de "los amores de su vida".
En su Rota natal pudo desde niño contactar con los americanos de la base militar, escuchar sus emisoras de radio y conseguir la música que se hacía al otro lado del Atlántico, sobre todo de su gran ídolo Jimi Hendrix, lo que le llevaba a componer canciones en un tosco y macarrónico inglés.
Ya en tono más adusto, Felipe se ha mostrado escéptico con la posibilidad de ser recordado. Es tal la cantidad de publicaciones que se editan que es poco probable que una obra llegue a ser clásica. En cuanto a la imaginación, como toda facultad mental, tiene sus riesgos: si uno se pasa en la dosis, puede llegar al delirio. Le gusta jugar con personajes en ese límite en el que las verdades objetivas empiezan a ser discutibles. El mensaje de su Mercado de espejismos parece ser el de que tenemos derecho a inventarnos nuestras vidas y a una cierta dosis de delirio, mientras no sea patológico. Necesitamos inventarnos para comprendernos, aunque no como capricho de la voluntad, sino como supervivencia metafísica.
Curiosamente, el ser poeta le ha ayudado mucho en su obra narrativa, para añadir precisión y concisión y a saber prescindir de adjetivos y sinestesias superfluas.
Dice sentirse igual de incómodo con cualquier género literario. La escritura puede ser fascinante pero es incómoda y agotadora. Aunque haya tratamientos estilísticos distintos la literatura tiene como supremo objetivo el de fascinar a través de la palabra.
Terminó su disertación con la lectura de algunos de sus poemas y de un relato corto, en el que se deja entrever su opinión sobre las subliteraturas de fácil consumo que se siguen elaborando, al igual que antaño se hacían libros de caballerías o novelas del oeste. Los subgéneros actuales, con ocurrencias artificiosas o interpretaciones grotescas del hecho histórico han generado en ciertos lectores visiones templarias y crípticas hasta en los graffiti de las paredes, hasta en los contenedores de basura.
Sin duda un gran escritor, y encuentros con personajes como Felipe Benítez Reyes nos deben animar a acercarnos a conocer una valiosa obra literaria.
Pulsar sobre miniaturas para ver fotos en tamaño apropiado






Comentarios sobre Felipe Benítez Reyes, escritor con mayúsculas
Habrá que leerle, con tu crónica sobre el acto ya nos invitas a conocer a Felipe Benítez. Me ha gustado sobre todo: "el mensaje de su Mercado de espejismos parece ser el de que tenemos derecho a inventarnos nuestras vidas y a una cierta dosis de delirio, mientras no sea patológico. Necesitamos inventarnos para comprendernos, aunque no como capricho de la voluntad, sino como supervivencia metafísica."

Suena a fórmula mágica.
Me gusta tu blog, gracias por la confianza prestada en el Paseo de la Estación.
Muchas gracias por tus palabras, seas quien seas, aunque no sé qué tiene que ver el Paseo de la Estación.
¡Ah, ya sé, Puri! Encantado de haberte conocido, fue un bonito acto. Todos los que amáis la música amáis cualquier expresión del Arte. Yo lo intento, pero seguramente tengo parecida sensibilidad que un sapo partero.
Nos vemos y feliz finde.