Escaparate de la nada
Vas paseando por tu barrio y adviertes que cierto pequeño comercio ha cerrado. Otro más. Estaba allí desde el origen de los tiempos y en un primer impulso te dices: “No me extraña, la última vez que el dueño atendió con amabilidad a alguien, el Cerro de la Mella todavía tenía todos sus dientes”. Pero enseguida, ante el escaparate vacío percibes que echarás de menos al tendero y su peculiar sentido del negocio aunque resultara algo chocante. Al entrar te observaba como si fuese a hacerte una llave de judo; al salir, como hubieses sido tú quién se la hubieses hecho. Pero ahora, ante los estantes repletos de nada, deduces que tú mismo llevabas mucho sin entrar, y algo te atraviesa todas tus corazas. Era un dinosaurio, pero no merecía extinguirse así. La crisis ha sido para su tienda una mortal lluvia de meteoritos. Y descubres no sólo que le echarás de menos sino que, aunque algo esaborío, le querías.
Hasta ahora todos los esfuerzos de propios y extraños para arreglar la economía, esa señora a la que la mayoría solo conocemos por referencias, y que tiene primas dispuestas a hacer sangre de nuestro futuro, se han revelado infructuosos. La crisis exige múltiples aportaciones. Y de nada sirve salvar la economía en abstracto si no nos salvamos nosotros con ella; lo contrario sería como esa bomba que mata personas pero no destruye edificios. En definitiva, una economía superviviente que solitaria grita entre las ruinas: “Hola…¿hay alguien ahí?” Sin encontrar respuesta.
Y ese comerciante, adusto y gris como su guardapolvo, de escaso gracejo para tratar con clientes, de un sentido del escaparatismo anclado en alguna moda de los tiempos de Viriato trufado de Belle Epoque, ha bajado también la persiana. Notas que le echarás de menos porque era uno de los pocos tenderos de barrio, de cuando las tiendas duraban generaciones. Parco, cansino, suspicaz aunque también irrepetible. Y un tipo entrañable, aunque, a veces, él mismo —ay— se empeñara en hacer como si no lo supiera.
Comentarios sobre Escaparate de la nada
paraté un minuto amigo Pp:
¿Cuantos negocios sobrevivieron a las pos-guerra, a la transición, a la España más negra de la historia?
y ¿Cuantos han durado a la crisis financiera?.....
¿Debieramos de aprender en las aulas el mal que genera el afán de poder y el ansia del dinero?...¿¿¿¿???? preguntas, preguntas, preguntas....menudo mes de agosto.
1salu2 amigo Pp.
Hola, Wiwi. Veo que eres como yo, que no soy de siestas (nunca he disfrutado de ninguna). Pues ya que lo dices, recuerdo tiendas de mi pueblo que eran verdaderas instituciones: "El rey de los encajes", Villar, Tuñón, Almacenes el Pasaje, que tenían ese sabor viejo y entrañable. Eran negocios que pasaban de generación, a nietos y biznietos.
Ha sido en estos tiempos actuales, quizá con el comercio de grandes superficies, aparte de la crisis financiera cuando se les ha terminado de dar la puntilla. Con suerte y si el negocio lo merecía se han entregado a multinacionales, que son los que se han encargado de liquidarlas, y matar de esa manera la posible competencia.
Muchas veces vienen a mi memoria establecimientos como el Café Gijón, o aquella trinchera en la que Ramón Gómez de la Serna hizo su santuario, como el Pombo. Eran sitios donde se creaba opinión y estética, apoyándose en la palabra y en el conocimiento. Eso es hoy casi impensable.
Un recuerdo para el Brazen Head de Dublín, que pasa por ser el pub más antiguo del mundo, fundado nada menos que en 1198. ¡Más de ochocientos años sirviendo cerveza sin parar!
Nos vemos, amigo Wiwi.
Ya nada es como antes; hay crisis hasta en el blog
Cuando comencé a escribir, va para cuatro años, leíamos y dejábamos constancia de ello; comentarios más o menos acertados, pero había comunicación
A día de hoy muchos han dejado de escribir y nada se sabe de ell@s. Face domina
Una pena
Un tierno y dulce beso amigo.
Cuatro años ya. Para noviembre, creo. Fue un hallazgo, la verdad, poder escribir cositas, alejadas de sesudos tratados o trabajos más espesos. Aparecían lectoras o lectores que hacían comentarios, y todo servía para tener una comunicación fluída y, de alguna manera, ilusionante.
Es cierto, la gente es inconstante, se cansa de escribir y se cansa de visitar al pesado de turno, con sus tonterías y sus neuras. Se veía: a veces escribía uno algo que le parecía una chorrada, y tenía un éxito inusitado. Otras, sin embargo, creía haber escrito el artículo del siglo y no te leía (y por supuesto no te comentaba ni Dios).
Bueno, yo estas cosas me las tomo con filosofía. Si la gente busca otras cosas, otras "locas" emociones, aunque sea en face u otras redes, a costa de que se vean muchas tonterías, pues nada, no hay más que hablar, "...que tengo yo muchos vientos/ por donde poder volar".
Y el día en que deje de pasar un rato amable publicando estas cositas, pues patada en el trasero y a otra cosa.
Y esa sonrisa arriba, y los besos, tiernos sí, pero también salvajes y de roscachapa. Jeje.
:)
Sgo por aquí ...a mi no me perdeis migosmios...
Un abrazo grande