Emilio Moral
Lo conocí ya viejo, o a mi me lo parecía, su piel era un pellejo verdigris, lleno de surcos, de veredas, donde estaba escrita su biografía de cenizas. Debajo de la boina papal y descolorida asomaba un ralo mechón de cabello encanecido y grasiento. Los ojos acuosos y glaucos, quemados por los vientos fríos y por los soles abrasantes de las dehesas, presagiaban unas cataratas incipientes. A su nariz, larga y con una pequeña joroba, le faltaba esa canónica simetría de lo atractivo y se desviaba hacia un lado, hacia el lado en que su labio superior, permanentemente levantado, dejaba entrever las tres o cuatro piezas dentales que todavía conservaba. Su boca nunca podía cerrarse, fruto de la parálisis facial que le produjo aquella bala vagabunda que, en una trinchera de la margen izquierda del Ebro, cerca de Flix, le entró por la sien y le salió por el maxilar inferior. Un milagro que pudiera contarlo. Su sordera era acusada y había que hablarle despacio y procurando que pudiera leer los labios. Decía escuchar permanentemente silbidos y explosiones, y, a pesar de que era capaz de quedarse dormido en un instante con gran aparato de soplos y ronquidos, se despertaba de forma súbita al verse rodeado de rifeños blandiendo sus gumías: siempre la misma recurrente pesadilla.
Vestía, en invierno o en verano el mismo pantalón de pana, con piezas de color más oscuro, una camisa de tirilla abotonada hasta arriba y un chaleco con cadena, que terminaba en un reloj de bolsillo, al que, decía, nunca se había olvidado de darle cuerda. Una chaqueta de la misma pana del pantalón, con coderas, le conferían esa cierta dignidad de los pobres que un día, en su lejana adolescencia tuvieron ideas y se ilusionaron con un mundo mejor. Calzaba alpargatas blancas con suela de cáñamo y recordaba que con similar calzado tuvo que atravesar más de media España, la España de las cicatrices, la de los barrancos llenos de muertos, la de las cunetas transitadas por espectros, para llegar a su casa con los pies ensangrentados. Se apoyaba sobre una garrota que él mismo se había fabricado y caminaba visiblemente encorvado, aunque siempre digno.
Emilio murió cuando yo, siguiendo el camino que marcaban muchos otros, ya había emigrado lejos de mi ciudad. Desde mi nuevo lugar en el norte recibí la carta de trazo irregular de mi padre, en que me hablaba de su entierro y de las dos o tres coronas que lo acompañaron en un día desangelado de marzo. Me di cuenta de que mi mundo empezaba a resquebrajarse.
Cuando ya han pasado muchos años, hoy más que nunca, te recuerdo, Emilio, y te doy las gracias por la historia de tus zozobras, que me relatabas en aquellas noches serenas de agosto, mientras una lágrima de San Lorenzo atravesaba apresuradamente el cielo.




Comentarios sobre Emilio Moral
Buenos días Josillou.
Volví a pasarme a re-leer lo escrito.
Gracias !
Creo que quizás necesite " por mi parte" comentar que no es mi intención molestar a nadie con mis ideas.
Si moleste, espero que aceptes mis disculapas. Son mis movidas y quizas,,,pisé un terreno que no es mi lugar.
Mi abuelo Miguel perdió la vista....por parte de los de izquierdas,,,
El cuñado de mi madre perdió la cabeza,,la cual rodó a los pies de mi madre siendo niña,,,suceso que nunca superó,.
Mi Abuelo paterno perdió todas sus posesiones por manos del ejercito de derechas.
Me pasé la infancia escuchando temas relacionados con la guerra civil.
No sé cual es la mejor forma,,,,
No sé,,,simplemente,,,creo,,,que se sufrió mucho,,,aún ahora se siente por nuestros mayores este dolor.
Mi labor como mensajera de la Paz es rezar e intentar mover la energía Amor.
No olvidar lo ocurrido evidentemente, pero sí traer Paz.....
Josillou espero que seamos amigos .
Un beso
No es mi intención importunar a nadie. No tengo fijación por un bando ni por otro. Este post no es por que quiera reivindicar la razón para ninguno de los dos bandos enfrentados, sino tratar de reflejar algunas características de un personaje real que conocí siendo niño.
Nunca he sido sectario y cada día lo soy menos. He visto buenas y malas personas en cualquier bandería política. El que es mala persona seguirá siendo malo, independientemente del partido con el que simpatice o la religión que profese. En las situaciones de emergencia, a veces escudándose en el anonimato es donde afloran los malos sentimientos y el animal que llevamos dentro, aunque en unos más asilvestrado que en otros.
Reza, te lo agradezco y lo necesitamos.
Muchos besos, y muchas gracias, Lerna.
Sólo paso a darte las buenas noches. Sigo leyéndote, aunque no diga ni mú. Lo sabes, soy tu incondicional lectora y escuchatana, para cuando lo precises.
Feliz semana.
Creo que la respuesta de Cata es muy acertada. Ciertamente podemos aprender mucho de nuestros mayores, que además tuvieron que vivir esa desagradable experiencia. Me ha encantado cómo lo has contado y verdaderamente yo también he visto su imagen como si fuera una radiografía. Te felicito por ello. Y te agradezco enormente tu comentario en mi blog.
Vivimos porque recordamos ...
... hago memoria ... y encuentro un placer en cada sorbo de vida ... en cada taza de té
Nunca es suficiente en pequeño homenaje ... si alguien te piensa ... ya eres un recuerdo
Gracias ... gruñón ... por hacernos participes de tus vivencias ...
... empapan mi piel ... embellecen mi alma ... suspira mi corazón
Todo por y para tí ... María.
Hasta "gruñón" parece" un piropo viniendo de ti. Aunque así, a bote pronto me veo como un cerdito, como un enanito de Blancanieves o como un abuelito sin tabaco.
¡¡Oing, oing!!
Eres mucho más que eso ... y lo sabes
Te quiero gruñón ... de Blancanieves
Tu chulapa María.