Corín Tellado. In memoriam
Ni siquiera sabía que estuviera todavía viva. Su nombre se había diluido en mi memoria y ha vuelto ahora a mis recuerdos ante la noticia de su muerte a los 82 años. Creo haberla visto hace mucho tiempo en alguna entrevista por televisión para la que se prodigaba poco y lo que recuerdo es que era una mujer de una fuerte personalidad, de una gran inteligencia y de un genio muy vivo. Corín Tellado llenó toda una época con sus novelas de bolsillo, los bolsilibros Bruguera y los muchachos de entonces no nos explicábamos cómo era posible que con su sola pluma pudiera abastecer muchas colecciones periódicas de lo que se ha venido llamar subliteratura de quiosco, en principio escritas para modistillas o similares, pero que también alimentaban los sueños de varias generaciones de varones, aunque no se admitía con facilidad, cuando la ensalada de tiros de M. L. Estefanía se había cargado hasta al apuntador. Aunque parezca extraño, Corín Tellado no era una cursi y su romanticismo no era de los que destilan melaza.
Cuando los estudios u otras ocupaciones nos concedían una tregua, nos gustaba prescindir de los plúmbeos manuales y solazarnos con ese tipo de literatura masticable, que muchas veces nos llegaba en forma de librito manoseado, pringoso y viejísimo, a través de variopintos trueques. Y las novelas de Corín, puesto que la realidad quiosquera no ofrecía grandes estridencias eróticas y los sex-shop ni siquiera se conocían o sonaban a inventos de la NASA, tal era su cercanía y disponibilidad, escondían siempre un río profundo en el que la imaginación bien hormonada podía pescar peces excitantes.
Para ello Corín manejaba bien algunos tópicos de la religión del amor, como son la pasión saltabarreras (chica pobre se enamora de chico rico y viceversa alternativa) y el obstáculo como alimento del amor (dos a los que prohibían enamorarse o que por circunstancias de la vida les costaba medio centenar de páginas acabar juntos se obcecaban perdidamente). Los protagonistas eran siempre jóvenes. No podían pasar de la treintena so pena de que se los lectores soltaran, despavoridos, el engendro. Él tendría que siempre alto, guapo, de anchas espaldas y dotado de todas las virtudes "masculinas": fuerza, determinación, inteligencia y capacidad para poseer exuberantes cuentas bancarias. Ella sería siempre de una belleza inconmensurable, alta, delgada, pero de carnes firmes y bien dispuestas, al principio quizá un poco malcriada, pero que poco a poco iría entrando por la vereda por la que tendrán que transitar las mujeres virtuosas. El final sería el de boda, pero boda de las de antes, con su carga de amor eterno y degustación perdicera, con lo cual un lectorado poco exigente quedaba satisfecho y podía recrear la historia mientras "la contaba con sus palabras" a un público ingenuo.
Mi recuerdo más efusivo y respetuoso hacia una escritora, hoy practicamente olvidada, pero que en los duros años de la dictadura fue un verdadero fenómeno sociológico, que se dedicó a nutrir de ilusión a generaciones de jóvenes y no tan jóvenes y que, de alguna manera, fabricó personajes, no exentos de modernidad que no anduvieron faltos, a pesar de los pesares, de un punto de rebeldía.




Comentarios sobre Corín Tellado. In memoriam
de acuerdo contigo.
¿Que has leido a Corin Tellado???? ¡¡Vaya sorpresa!!!!! Bueno, no sé de qué me sorprendo porque tú lo sabes todo... me he pasao... "casi todo" (que luego me regañas)
Yo, sin embargo, nada de nada. Jo, era una "miajilla" empalagosa ¿no? Vamos, un decir...
Bueno, leíamos estas cosas porque tampoco se podían leer otras. No era fácil disponer de numerario.
La verdad es que a los chicos nos costaba admitirlo, porque había que distinguirse de una literatura para mujeres. Admitirlo era como admitir una mariconada, que era lo peor que se podía ser en aquellos tiempos del cuplé.
No era una empalagosa tipo Barbara Cartland o esas románticas de lengua inglesa. Muy al contrario, fue de las primeras que sacaron temas de liberación femenina, de divorcio, aborto, etc. Vamos que no era una Elena Francis.
enhora buena tus comentarios me gustan
y que decir de tus escritos
sigue así
¡Vaya! Gracias, Josillou. La verdad, juzgué sin conocimiento de causa y metí la pata. Menos mal que estás tú para "desfacer" a "entontás" como yo...


¡¡Feliz domingo!!!!!1
Corin Tellado junto a tebeos era la lectura que nos podíamos permitir en aquella época ya que, el dinero era escaso. Mis hermanos ( yo también) leían tebeos de: El Capitán Trueno, El Jabato, Roberto Alcázar y Pedrín ,Rompetechos, las hermanas Gilda, el Abuelo cebolleta, Mortadelo y Filemón ect.... cuando teminábamos de leerlos llevábamos el tebeo y una peseta y lo cambiabamos por otro ,y así podíamos seguir con nuestras lecturas...
Cuando la economía nos lo permitió pasamos a los libros, de los que somos asiduos
Admito haber sido lectora asidua de Corin Tellado ... maravillosas novelas de sueños irrealizables ... pero accesibles para sus lectores ... tambien tuve mi época de novelas del oeste con M.L. Estefania ... y recuerdo cambiarlas por otras en el quiosco del barrio ... pagando cincuenta centimos ... era delicioso
... una pena que cuando lo comentas ... digan que era casi el paleolítico
Me uno al merecido homenaje
María.
Pues sí, el tiempo ha pasado tan deprisa que parece la Edad Media. Es en los últimos tiempos cuando se ha acelerado el cambio de tal manera que todo lo que tiene más de 30 años es algo irreconocible por generaciones de jóvenes cada vez con más títulos y diplomas académicos pero cada más ignorantes, por haber vivido siempre en el mismo mundo plano.
Creo que mi generación es afortunada porque conoció dos mundos: el rural o semi-rural de barrios perfectamente definidos si se vivía en ciudad y el mundo actual, el de la hiperinformación, pero que fabrica seres solitarios y con orejeras.
Dicho sea sin acritud, como decía aquel.