Autocrítica en la Poesía
Poetas giennenses de ahora
De izquierda a derecha: Fernando F. Ortega, Yolanda Ortiz, Francisco R. Funes (introductor), Ana Toledano, Antonio Alfonso
Cada poeta que se precie tiene su propia preconcepción sobre la poesía, aunque no le incumba a él emitir una respuesta absoluta a la pregunta de qué es la poesía. Es esa una pregunta filosófica, a la que debe dar respuesta no un poeta, no un crítico, sino un filósofo, no necesariamente poeta.
Pero para nuestro propósito de lectores y degustadores de poesía nos da un poco igual la esencia de la construcción poética. Quede su hallazgo para los sesudos teóricos y merodeadores de la esencia lírica. Nosotros nos contententaremos con extraer del poema la belleza, no como paradigma absoluto, sino "la belleza que remueve nuestras tripas", la que apela a nuestra emoción, la se cuela por las rendijas de nuestros sentidos, en suma, "nuestra belleza".
Está claro que cada poeta tiene "su" belleza y cada lector la suya propia, y por ello un poema llega a unos y no a otros, como llega a unos y no a otros cualquier otra manifestación artística. Hay quienes se inclinan a permitir el café para todos, que todo el mundo escriba y se arrogue funciones de poeta, y que mande sus poemarios a concursos sin ningún pudor ni autocrítica porque ¿quiénes somos los demás para juzgar algo en lo que el autor volcó toda su ilusión?
No puedo estar más en desacuerdo. Por esa regla de tres, no deberíamos criticar ni pintura, ni arquitectura, ni ninguna otro fruto de la creación humana para que el creador no se vea herido. Aunque no haya sido un ávido ni apasionado lector de poesía, también he incurrido alguna vez en la tentación de componer algunos versos, y lo que es peor, en la temeridad, nacida tanto de mi ingenuidad como de mi petulancia, de hacerlos públicos, aunque haya sido solo a familiares o a círculos reducidos de amigos. A pesar de que mi vena de vate no se haya secado del todo, he renunciado ya a la creación de una "obra imperecedera" y me he resignado a que mis engendros solo sean para mis ojos, pero por la misma causa, mi sentido crítico se ha ido agudizando y me creo con derecho a manifestar lo que me gusta y no me gusta, sin pretender, por supuesto, convencer a nadie de mis criterios.
Si alguien carece de pudor para dar a conocer su obra, que lo haga. Y caiga sobre ella todo el peso de la crítica, aunque se vea mermada su ilusión y el varapalo lo haga descender desde el Parnaso a la tierra firme; la vida es una sucesión de sobresaltos, y cada palo debe aguantar su vela.
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Comentarios sobre Autocrítica en la Poesía
Ya sabes que en parte comparto tu crítica... Un abrazo y como siempre gracias por tu ávido deseo de seguir aprendiendo y de enseñar(nos) tanto.
Muchas gracias, Fer. Creo que ayer dijiste cosas muy interesantes y sobresaliste, aunque en algunas fuiste excesivo. Y ya sabes que me refiero a ciertos elogios infundados.
Un abrazo.
La poesía es necesidad, nace de un volunto, un vómito irreprimible, en ocasiones no hay otra forma de comunicar esos sentimientos e ideas difíciles de definir sometiendo las palabras a las reglas estrictas de la prosa. Lo entiendo como dar alas y des-limitar el lenguaje para que llegue hasta donde nos lleva el corazón utilizando el poder evocador de las palabras.
Y cuando la comunicamos... ¿vanidad? puede, pero hace falta valor.
La crítica siempre es buena, de la clase que sea y quien sabe a través de ella veamos nuestras tripas con una objetividad que no permite el autodiagnóstico, como quien observa su propio retrato o quien oye su voz grabada, claro que casi todo el mundo pensamos que no somos del todo fotogénicos o nos oímos un acento “jaenoncho” (te pido prestado este término) en el que no habíamos reparado. Pienso que el experimento vale la pena
Me encantaría criticar las tuyas, desde mi sensibilidad y con determinación.
Así que, te propongo: arriésgate a presentárnoslas (al menos alguna)
¡Qué bonita esa palabra de volunto! Otra palabra más o menos sinónima que la he oído por la campiña de Huelva es avenate (le dio el avenate). Y muy cierto lo que dices. Todo el mundo cree que la foto lo trata de forma miserable, y es que al mirarnos al espejo solemos adoptar el punto de visión menos desfavorecedor.
En cuanto a lo otro, dejemos el tiempo correr, lo consultaré con la tía Trangantía.
"la vida es una sucesión de sobresaltos, y cada palo debe aguantar su vela." Totalmente de acuerdo con esa sabia frase.
Fue un gusto la tarde de ayer. ojalá tardes como esa se repitan en Jaén para que la poesía crezca en conocimiento. No sólo se es "poeta" por escribir poemas, sino por sentir la poesía en todas las manifestaciones artísticas y hasta en las palabras que como autocrítica usted ha definido en este post.
Un saludo,
Rosario.
Muchas gracias, Rosario, y me voy a permitir poner uno de tus poemas, precioso, en forma de soneto. Espero que no te importune.
PeriferiaEn siete flacas nubes, guardo hilos de colores,
vestidos con despojos de una luna prohibida.
Entre cuatro pilares tristes clavo dolores,
cosidos a la llaga eterna de mi herida.
En la sangre tu nombre, en la pena una rosa,
son las calles abismos y la tierra una duna.
Sólo mi alma volátil, aniquila la losa
que la encierra en la nada y amordaza a mi luna.
Puedo pedir susurros aún cuando ya no estés,
puedo pedir abrazos si algún día me ves,
puedo llorar de ira bajo algún cielo azul...
Las estrellas se alejan y con ellas yo vuelo,
mi mirada se apaga y refleja en tu suelo,
los recuerdos que yacen en extraño baúl.
Cambiando de tercio, o hablando de términos curiosos.
¡hombre mira por donde!
ya tenia yo ganas que alguno de Úbeda me hablara del mito de la Tía Traantía, y ya puestos ¿porque no? de los Juan-Caballo.
La tía Tragantía es una vieja leyenda de una princesa mora olvidada en los subterráneos del castillo de la Yedra en Cazorla, ante el avance de los cristianos reconquistadores. Nadie se acordó de ella al haber muerto su padre y con el tiempo fue tomando la forma de un monstruo terrible, la Tragantía, que las noches de San Juan salía de su madriguera para comerse a los niños.

Todavía recuerdo a mi abuela que le gustaba asustarnos diciendo aquello:
Yo soy la tía Tragantía
hija del rey Baltasar;
el que me oiga cantar
no durará más que un día
y la noche de San Juan.
Y los niños nos metíamos debajo de las camas, presas de verdadero pánico.
Los Juancaballos son recordados por Muñoz Molina en el El Jinete Polaco. Lo cierto es que existía una huerta que todavía puede verse desde el mirador de San Lorenzo en Úbeda, la huerta del Caballo, en donde se decía que aparecían una especie de centauros terribles cuando el hambre les hacía abandonar las montañas en las que vivían.Eran los Juancaballos. Recuerdo los veranos en las eras, donde después de la trilla, los viejos zarandaores me contaban todas estas historias mientras íbamos señalando las estrellas fugaces, tumbados sobre una parva de cebada o garbanzos.
Es una leyenda acendrada entre la gente de cierta edad y pueden verse escenas mitológicas en los altorrelieves del trasdós del dovelaje de la Sacra Capilla de el Salvador de Úbeda. En la imagen se ve a Hércules luchando con un centauro (¿Se trata de Nesso que quería raptar a su esposa Deyanira?). Aún recuerdo los nombres de una vieja enciclopedia, cuyos capítulos sobre mitología llegué a aprenderme de memoria.
Bueno, vaya rollo. Pero me gustan mucho todas estas historias, y es una pena que se haya roto la tradición de contarlas.
Todo lo contrario, me agrada saber que le ha gustado Periferia :)
No suelo enmarcar mis versos en métrica clásica, soy más de verso libre pero, alguna vez que otra, me gusta rescatar lo clásico para no perderlo del todo. En este caso me decanté por los versos alejandrinos que, a mi parecer, dan gran ritmo y musicalidad al soneto. Pienso que es bueno avanzar rescatando lo aprendido.
Guste en tomar cuantos poemas desee.
Un saludo,
Rosario.
Josillou, pues estas historias son para dejarlas escritas ya que no es posible dejarlas contadas verbalmente. Y quien mejor que tú???? No seas perezoso y deja ese maravilloso legado a tus nietos, y a los nietos de tus nietos, y a los...
Con respecto a la poesia, soy una auténtica analfabeta -como en tantas otras disciplinas. Lo teórico lo desconozco (¿versos alejandrinos? ¿endecasílabos?... no me preguntes más allá de lo que es un pareado...
) y he de reconocer que he leido poca poesía, más que nada, por el esfuerzo que me supone enfrentarme a ella sin ningún conocimiento. Sólo puedo decir si me gusta o no, si la encuentro bella o, por el contrario, no me conmueve. Una pena, pero es así. Tendré que hacer algo al respecto.
En cuanto a las críticas, pues... creo que todas son positivas si son constructivas. Es decir, si son razonadas y hechas desde el más profundo respeto. Casos se dan en que no se distingue entre obra y autor y, a veces, se infravalora una obra porque su autor no comulga con nosotros. Si bien es cierto que aquel que publica su obra se expone a la lluvia de críticas más o menos agradables, no es menos cierto que la suficiente humildad para reconocer sus límites debe estar entre una de sus virtudes.
¿Poeta? No me extraña ya nada de tí. Espero, y deseo, que alguna de ellas nos hagas llegar... ¿no nos consideras, a caso, de "tu círculo reducido de amigos"?
Me alegro Josillou. Estás alcanzando tu sitio en este espacio. Espero que algún dia no muy lejano te nombren "blog del mes" (o algo así, es que no recuerdo exactamente el nombre). Mi pequeño voto lo tienes.
Oye, se me ha pasado darte las gracias por la información.
Así da gusto enterarse de las cosas. No hay nada mejor para saber que indagar en el origen. Por supuesto que sabía de estas historias por Muñoz Molina, para que veas, no hay que ir al norte misterioso para encontrar este tipo de leyendas, aquí tan cerquita tambien las tenemos. Nuestras abuelas si que sabian como mantener la atención de los niños, ni tele ni nada, bastaba con oirlas. Me encantaban y recuerdo aquellas noches de verano , en las puertas de las casas, tomando el fresco mientras nos contaban historias como estas o anécdotas graciosas que les ocurrieron en su juventud. Haciamos que nos las contaran una y otra vez, siempre con matices diferentes.