Este mayo
Cuando yo era niño, mayo era el mes dedicado a la Virgen. Los curas nos convocaban a rosarios de la aurora para los que había que abandonar el lecho con enorme trabajo. Las mañanas de mayo ni fin ni cabo. Con flores a María se organizaban novenas y triduos a María Auxiliadora. Romerías a tutiplén en unas fechas en que parecía que las advocaciones marianas tenían fecha de caducidad, como si María se fuera a otras tierras cuando mayo concluyera. Mayo llegaba revestido de verde y también amarillo de jaramagos y rojo de amapolas. Alguien nos traía noticias de los patios que se engalanaban allá por Córdoba, nos describían aquello de unas cruces hechas de flores y juncia allá por Granada y que una romería, entre religiosa y civil, llevaba el desorden y la jarana, el jamón y la manzanilla sanluqueña a las tierras marismeñas del Rocío en una peregrinación laica, que terminaba donde la Blanca Paloma extiende su manto por la aldea almonteña.
Mayo era una explosión salvaje de la naturaleza toda erguida, puesta en pie. El mundo se renovaba y la piel de la tierra acogía y cobijaba a quienes discurrían sobre su faz. Mayo era el mes de la luz más transparente, perezosa cuando cae la tarde entre brochazos malva, escapándose de la noche vecina, huyendo despacito, como si tal cosa. El agua de mayo era como de jacarandás y narcisos con un aroma de tierra después de la lluvia. El agua de mayo era como la del primer día de la creación, cuando Dios inventó los chubascos para que creciera la hierba en los caminos y las amapolas en los trigales. En mayo los gorriones y jilgueros disputaban en algarabía su derecho a procrear, y buscábamos los nidos entre las ramas más altas de los almendros o en los huecos de las tejas.
Y digo era. Este mayo de 2012 que se inició con algo de la lluvia no caída en el resto del año transcurrido y luego nos ha traído un calor tórrido tiene poco que ver con los mayos que guardo en la memoria. Se ha acabado sistemáticamente con las hierbas que daban color al campo, apenas se escuchan trinos de pájaros. Este mayo no trae más que malas noticias, en este mes de mayo continuamos empobreciéndonos porque así lo han decidido unos especuladores, a los que nada de lo que hagamos les parece suficiente, a los que no son capaces de calmar todos los sacrificios que nos imponen y que la gente no termina de entender.
Y hoy, cuando el mes de mayo discurre por su segunda mitad, me gustaría hurtarle fechas al calendario para no contar las miserias de la política, las declaraciones vacuas y mentirosas de los cantamañanas de mayo, revestidos de vana pomposidad y que nos son capaces de atajar las vías de agua por donde se va nuestra sangre. Y escuchar el lejano canto de un pájaro innominado al que nuestra imaginación pone nombre, no mirar a los agoreros que cada día nos amargan con sus denuestos babosos, saludar cada día como quien espera la llegada de un amigo que hace estación de afecto a nuestro lado, subirse al color de mayo y dejarme acunar como cuando, de niño, creía firmemente que con mayo se iniciaba cada año el libro de la vida.





